Blog masónico de Ricardo E. Polo

lunes, 21 de junio de 2010

Alquimia de los elementos

por Irene Soto, de los Valles de Camcum, México, en junio de 2010
con mi agradecimiento




Toda transformación interna lleva a una transformación externa, que se manifiesta concretamente en la vida de quien la ha realizado. Sin embargo también sucede lo contrario.

La Alquimia Espiritual es la ciencia sagrada que trata sobre la propia reorganización interna. Sobre poder sutilizar lo denso, la materia y fijar en nosotros lo sutil, el espíritu. Para esto debemos profundizar en el conocimiento de nosotros mismos y de lo que llevamos en nosotros.

Dice Hermes Trismegisto

"Divide tu piedra en cuatro elementos..... y reúnelos en uno, y tendrás la totalidad del Magisterio".

La Piedra Filosofal es el objetivo, es lo que debemos encontrar, es el producto en uno mismo, es lo capaz de transformar todo lo grosero en oro puro y de transmutar todo lo creado.

La piedra de los Filósofos es la materia prima, es decir Uno mismo. Es aquella en la que debemos de trabajar.

Es el trabajo Hermes dice: "divide tu piedra en cuatro elementos". personal. Los cuatro elementos son distintas modalidades del movimiento inmanente a toda sustancia tanto inorgánica como orgánica y psíquica. Son los cuatro instintos o temperamentos primordiales del cosmos y que están en todo, absolutamente todo lo creado. Estos instintos son: Fuego, el Impulso (bilioso), Aire, el Movimiento (nervioso), Agua, Formación (sanguíneo) y Tierra, la Forma. (Linfático).Los cuatro elementos son distintas modalidades del movimiento inmanente a toda sustancia tanto inorgánica como orgánica y psíquica. Son los cuatro instintos o temperamentos primordiales del cosmos y que están en todo lo creado. Estos instintos son: Fuego, el Impulso (bilioso), Aire, el Movimiento (nervioso), Agua, Formación (sanguíneo) y Tierra, la Forma. (Linfático).

El Fuego denota voluntad y vitalidad, es iniciador, propulsor y purificador.

El Aire es la actividad mental, es el mundo de las ideas y de la comunicación.

El agua es la intuición, la emoción, es la Gracia, la Virtud. Simboliza la regeneración corporal y espiritual.

La Tierra es el mundo de la actividad racional, es decir la razón y el sentido común puestos en practica.

Es decir separemos, para luego unir. En la unidad se da el encuentro de lo que en alquimia se llama: quintaesencia y los hindúes llaman Éter.

La totalidad del magisterio o "ciencia de la obra" consiste en transformar los cuatro elementos que poseemos y esto se realiza por los tres regímenes de la alquimia:

transforma la Tierra en agua. Comienza en el Principio o Génesis:

"la Tierra era algo informe y vacío. Las tinieblas cubrían el abismo”.

Es el caos, el desorden de las ideas y de los actos (pensamos una cosa y hacemos otra, creemos hacer el bien y hacemos el mal). Mojamos nuestra Tierra y la transformamos en barro, en este punto tenemos dos opciones o nos quedamos en el barro, empantanados por nuestras pasiones, o empleamos nuestras emociones y nuestra intuición para dejar que Dios sople en nosotros y modele nuestro barro para ser personas nuevas. Esto es comenzar a separar los elementos.

Dice Annick de Souzenelle, en su libro "El Egipto Interior" que la normosis es el estado de esclavo que consideramos normal. Dios nos dice "Ve hacia ti mismo", ve hacia tu propia tierra, porque ahí esta la tierra prometida. Esto es empezar el proceso de distinción para llegar a la Piedra Filosofal..

La Piedra designa la posibilidad de transformarnos en Hijos y estar en plena unidad con el Padre. Esto es construir el propio nombre, el YO SOY. Es volver a la unidad de antes de la caída.

El problema es que la piedra se convirtió en ladrillo y solo construimos ladrillos. Nos dejamos conducir por los sucesos de nuestras vidas, vivimos en relaciones de fuerza, de rivalidades y de competencias, sin advertir lo pobres que somos. Nos instalamos en un sufrimiento que consideramos normal y pensamos que el buen Dios nos va a saber recompensar. Hasta que Dios nos llama como llamo a Moisés. Cuando estamos en el limite de nuestra esclavitud, cuando clamamos en el desierto, nos exhorta a volver a nosotros para llevarnos a la Tierra Prometida.

Estar en la normosis es estar prisionero de la lógica, de las apariencias, es creer que los sueños son solo sueños, es pensar que lo imposible es imposible. Pero la buena conciencia no es conciencia, la primera esta atada a la moral y la segunda es el fruto de un trabajo de transformación, es producto de adquirir mas vida.

Transforma el agua en aire. Aquí absorbemos el soplo divino, entramos en el movimiento, el barro se va secando y tomamos una nueva forma. La piedra que somos se modifica y nos atrevemos, osamos creer que en mi nosotros un oro que debemos desenterrar. Se abre un horizonte nuevo, hay claridad.

Transforma el aire en fuego. La luz es el fuego, el fuego calienta la piedra y genera el impulso y la voluntad necesaria para el movimiento, inicia la unión del entendimiento con la voluntad. Para encender la voluntad, es necesario salir del sueño, es poner en movimiento el esfuerzo de decir sí y no. Es necesario salir del peso de la somnolencia, movilizar la buena voluntad y esto solo se da por el Entendimiento y la Esperanza. Esto es lo que nos puede llevar a decir sí a la Luz y no a las tinieblas.

Junio de 2004

solsticio de Verano (En el hemisferio norte)

Por Irene Soto:

El 21 de junio se celebra en el hemisferio norte, el día más largo del año. Definitivamente no es un día como los demás, la naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una fiesta, cargada de gran poder y magia. Hadas y deidades de la naturaleza andan sueltos por los campos; los agricultores dan gracias por el verano, las cosechas, las frutas y por disponer de más horas para cumplir con sus tareas y entregarse a la diversión. También es el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.
 
La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días era cada vez más cortos. Por esta razón, fogatas y ritos de fuego de toda clase se iniciaban en la víspera del pleno verano, o 20 de junio, para simbolizar el poder del sol y ayudarle a renovar su energía.
 
En tiempos posteriores se encendían fogatas en las cimas de la montañas, a lo largo de los riachuelos, en la mitad de las calles y al frente de las casas. Se organizaban procesiones con antorchas y se echaban a rodar ruedas ardiendo colinas abajo y a través de los campos.
 
A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol.

Se puede decir que todo empezó hace cerca de 5 mil años, cuando nuestros antepasados, tan amigos de observar las estrellas, se dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer. A estos días extremos en la posición del Sol se les llamó solsticios de invierno y verano, los cuales ocurren los días diciembre 21 y junio 21 respectivamente. Estas fechas corresponden al hemisferio norte, pues en el sur es al contrario. El día que veremos al sol ponerse más al sur es el 21 de diciembre y el día que lo veremos ponerse más al norte es el 21 de junio. “Las fechas mencionadas son las típicas, pero puede ser que en un año determinado caiga un día antes o después, debido a las irregularidades del calendario, como los años bisiestos”. Hablando propiamente del solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio norte, el 21 de junio sea el día más largo del año.

En los antiguos mitos griegos a los solsticios se les llamaba “puertas” y, en parte, no les faltaba razón. La “puerta de los hombres”, según estas creencias helénicas, correspondía al solsticio de verano (del 21 al 22 de junio) a diferencia de “la puerta de los dioses” del solsticio de invierno (del 21 al 22 de diciembre).
 
El gran protagonista de la Noche de San Juan es el fuego, cuyo fin no sólo es rendir tributo al sol, sino también purificar los pecados del hombre.

Este solsticio de verano puedes aprovechar para renovar tu fuego interno y la luz que hay en ti. Basta con que te des 5 min. Y tomes conciencia que tu eres fuego. Que la luz esta en ti y darle entrada a la energía maravillosa del amor y de la unidad que trae este mes de junio. Puedes prender una vela azul o rosada y ponerla en tu casa para que esa luz nueva entre a tu hogar y a tu vida. Recuerda que estamos en un periodo de cambios en nuestras vidas y que cuando hay tantos movimientos no es oportuno tomar decisiones es mejor tomar las cosas con templanza y esperar que las cosas se acomoden por si mismas.

Agradezco a la Q:.H:. Irene Soto, de los Valles de Camcum, México por este interesante trabajo masónico