Blog masónico de Ricardo E. Polo

martes, 2 de marzo de 2010

Reflexiones de un viejo masón



por el V:. H:.  Ricardo E. Polo


Ya desde principios de la década de los años 70´ del siglo pasado, comenzaba en Argentina un proceso de desintegración de lo que por entonces conocíamos por “el ser nacional”.

Se trataba de la colisión entre las antinomias sociales, intelectuales, políticas y espirituales, que se enfrentaban a consecuencia de los desatinos cometidos por los argentinos, después de la denominada Revolución Libertadora.

Pocos autores, -al menos los que hemos leído- se han ocupado de consignar con veracidad el gran descalabro producido por los seguidores de tal golpe de Estado, pues de revolución tuvo nada.

Las elites argentinas, azuzadas por la Iglesia Católica y cuanta “reacción” exista en nuestra Nación, se han exacerbado contra los argentinos del interior del país, con toda una artillería prejuiciosa y revanchista, que prefirió desconocer en lo absoluto las conquistas de movilidad social surgidas y monitoreadas por el denominado Justicialismo, llevando a cabo una regresión socio-económica que aún se impone en el decurso de la sociedad argentina.

La visión del “sueño americano” instalada en la denominada “patria bostera”, es decir en las elites agro importadoras, contagió a una inmensa capa social de clase media y clase media alta, al punto de haber logrado desnacionalizar el espíritu emancipador de los argentinos, convencidos de que la “independencia” y otros sueños socio-políticos, desaparecieron prácticamente del ideario ciudadano, culminando con la derrota en el conflicto del Atlántico Sur, cuyas alternativas permitieron a los “cipayos” locales alcanzar no solo el poder, sino la continuidad de la derrota ciudadana en cuanto a lo que de democracia nos ha podido suceder.

Hoy imperan en nuestra Nación las miasmas de la partidocracia, que ha logrado domeñar la escasa vocación “revolucionaria” de un pueblo que tiene una pobre idea de lo que es y significa el término “democracia”... Mientas la mediática impone sus criterios y digamos, “ideales” contemporáneos, fincados en el consumo y la desintegración social, mientras la inmoralidad y lo delictivo avanzan sin que surja reacción alguna.

Los esenciales tres poderes de la República se han desvanecido en la opereta social que nos toca vivir. Jueces corruptos, con pedidos de juicio político acumulados; políticos y parlamentarios sobre quienes penden cargos por delitos comunes; funcionarios públicos del Poder Ejecutivo, acusados e investigados por enriquecimiento ilícito, todos ellos instalados en los estamentos de la República, sin que la sociedad tenga posibilidad alguna de corregir estos males y esta inmoralidad, porque todos ellos se han enraizado en el contexto público, a consecuencia de las “operaciones” delictivas contra el pensamiento moral de la República, merced a la ausencia de valores lo suficientemente poderosos, como para constituirse en paradigmas de la dignidad y en ejemplos de moralidad y conducta.

Cuando alguno de nosotros, los viejos librepensadores, salimos a la palestra para hacer notar la ausencia de valores y virtudes, somos denostados por unos, menoscabados por otros o arrojados a la “indiferencia” más significativa, que es el aspecto menos conflictivo del asunto.

Por eso es que nos volcamos férreamente en la personalidad del insigne José Ingenieros, que a la postre es el más significativo testimonio de moralidad ejemplificadora en nuestra República.

Seguramente las causas de todo esto no se pueden historiar en un sencillo artículo que funge de editorial en este Blog. Pero bástenos decir que no son causas nuevas o producidas en una o dos generaciones, sino que devienen como antiguas acciones que se repiten en el tiempo…

Nosotros hacemos referencia permanente a un gran librepensador, que a principios del siglo XX desataba en Argentina y para toda Latinoamérica, toda una corriente de pensamiento fundado en la ética y en la moral. Especialmente, en la poderosa actividad de las Fuerzas Morales. Se trata de José Ingenieros un ilustre masón, igual que su padre, que fueron maestros de al menos dos generaciones de argentinos y latinoamericanos, que abrevaron de sus ideas y de sus premoniciones.

José Ingenieros es leído en estos tiempos y recordado, por sus libros “Las Fuerzas Morales” y “El Hombre mediocre”. Sin embargo, Ingenieros es autor de muchísimas obras que deberían ser leídas por la juventud y difundidas por sus maestros y profesores, cosa que no ocurre debido a la lenidad con la que se “clasifica” a los autores formativos, a los que se llega a desestimar como si estuviesen “fuera de moda”…

Me ocuparé en esta ocasión de reflejar el pensamiento de Ingenieros en su obra “Los tiempos nuevos”, que constituye un análisis pormenorizado del tiempo que le tocó vivir en la década de los años ´20 del siglo pasado.

Respecto de las influencias de la guerra, dice Ingenieros: “Llego el año 1914 y la guerra. Para los que tenían convicciones firmes fue un aviso inequívoco. Pocos, sin embargo, se atrevieron a repetir ese mismo año lo que muchos habían demostrado antes de la espantosa tragedia, desencadenada en el mundo por los intereses de las clases capitalistas: una guerra europea precipitaría la socialización de los medios de producción y de cambio.”.

“Hubo un momento de confusión general. Casi todos los países socialistas, por altas razones políticas o por transitorias contingencias electorales, se embanderaron activamente en pro de una u otra parte beligerante. La solidaridad internacional contra la guerra quedó rota, acusando cada uno a los otros de haber sido la primera en traicionar los ideales pacifistas. Los que por un tiempo se mantuvieron independientes, no pudieron evitar que al fin los engañara Wilson, con las proposiciones de que renegó impúdicamente, cuando se lo impusieron los capitalistas de su país, y las voracidades pecuniarias de sus aliados. Si Wilson no mintió, al prometer, tuvo la cobardía moral en la hora de cumplir».

“El resultado principal de la guerra fue la creación de condiciones de hecho un tanto inesperadas. Las enormes perturbaciones en la producción y el intercambio, engendraron en todo el mundo circunstancias anormales. La crisis moral y económica no tuvo fronteras, estremeciendo por igual a los vencidos, a los vencedores y a los neutros; su efecto inmediato fue el recrudecimiento de la lucha de clases, con extensión pandémica e intensidad nunca vista. La lucha secular se exacerbó, tornándose violenta la actitud de los capitalistas y de los trabajadores; la concepción reformista del mejoramiento progresivo por la colaboración de las clases pasó a segundo plano, no por razones teóricas sino por contingencias prácticas…”

Vemos hoy, cómo estas palabras escritas en 1920, se ajustan a la realidad contemporánea, ya que los efectos de los conflictos bélicos del siglo XXI, pueden resumirse en la realidad que nos afecta en este tramo de la historia…

Insiste José Ingenieros al decir: “Esa causa, a nuestro entender, motivó en todas partes el predominio de los métodos sindicalistas sobre los métodos parlamentarios; la participación de los dirigentes políticos socialistas en los gobiernos que hacían la guerra, los dejó inhabilitados para actuar eficazmente en los sucesos ulteriores. Esa situación de hecho, propia de los países beligerantes, ha repercutido sobre el movimiento socialista de los países neutrales”.

Las fuerzas morales y la Revolución
La inmoralidad del régimen capitalista

No nos parece traído de los pelos entramar este tema en nuestro Blog. Asistimos a tiempos en los que el accionar del imperio (no es un eufemismo, el imperio son los EE.UU de América) ha logrado sus objetivos de predominio, habiendo desnaturalizado el decurso de la historia, precisamente desde la 1ra. y 2d Guerraas Mundiales.

Hoy por hoy y a causa del accionar de los “estamentos” político-económicos de USA, América Latina asiste a su galopante desintegración. No hay ideas ni ideologías; los partidos políticos han sido desguasados y van desapareciendo poco a poco, siendo reemplazados por profesionales de la política sin más plataforma que sus promesas y sus alianzas entramadas con el poder económico.

Más allá de la ausencia de “objetivos políticos nacionales”, que deben ser aquellos que determinen la subsistencia del Estado y sus ciudadanos, es posible observar los escándalos de los “representantes” de la ciudadanía, los latroci-nios de guante blanco y guante negro; la formación de bloques parlamentarios que burlan lo que la ciudadanía determinó en las urnas y el injustificable persona-lismo que protagonizan los que detentan los tres poderes republicanos.

Una frase de José Ingenieros en 1920, asombra por lo curiosamente vigente. Cuando analiza la situación apenas terminada la 1ra. Guerra Mundial: dice Ingenieros “El horizonte de la política internacional se nubla. El único gobernante que adorna con serpentinas idealistas la bandera comercial de los aliados se apresura a recogerlas apenas en la hora de las estipulaciones decisivas; los hombres libres que han puesto en Wilson una esperanza, grande o pequeña, aprenden que nada puede aguardarse de gobernantes esclavos de sus capitalismos respectivos”

Aunque no nos asustan los fantasmas del pasado, lo que si nos asombra es la vigencia con la que el pensamiento de Ingenieros se adecua a nuestro tiempo.

Se me hace necesario aclarar que “Los Tiempos Nuevos”, ha sido obra del masón José Ingenieros, referenciando las alternativas de la Revolución de Octubre en Rusia. Y al respecto el pensador sostuvo que “Los intereses creados del viejo régimen se arman contra la Revolución. El cable y la prensa son movilizados para mentir al mundo entero, inventando bellaquerías sobre los “bandidos” de Moscú, formando novelas sobre el “terror”, repicando sobre la matanza, el robo, el incendio… Pero –felizmente, dicen- los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Japón, tienen tropas y millones en las fronteras de Rusia… Cuestión de semanas, de días… Así pasan todos los meses de 1919 y el mundo sorprendido ve fugar a yanquis, franceses y nipones, junto con los aventureros mercenarios que venden su espada al oro de los capitalistas extranjeros, los Deniken, los Koltchak, los Yudenitch. Todos derrotados. Todos fugitivos”

Presten atención mis QQ:. HH:. pues con solo apropincuarse de un resumen sobre la situación mundial, (con el celo con el que el masón debe analizar las cosas), no dudarán en aquello de que “la historia se repite”, nada más que con mayor ferocidad con la que surgieron los hechos históricos del siglo pasado.

Sostenía Ingenieros que “El año 1920 marca una evolución en la estrategia capitalista. A pesar del bloqueo informativo, las izquierdas de todos los países comienzan a demostrar su simpatía por la Rusia revolucionaria; contra esa temible solidaridad se inventan nuevas formas de propaganda, con la ayuda de los socialistas amarillos más corrompidos. Como ya no pueden llamarse bandidos a los vencedores, se les llama “tiranos” de un pueblo en ruinas; los defensores del capitalismo se disfrazan de apóstoles de la democracia y de la libertad… Y durante el año tercero del advenimiento “bolchevique” el mundo puede saber que los tiranos de un pueblo en ruinas consiguen humillar a los ejércitos que los prestamistas franceses arman en Ucrania, en Polonia, en Crimea, corriendo hoy a Pletura, expulsando mañana a Pilsudsky, hasta colocar un puntapié en las posaderas de Wrangel.”…

Sigue diciendo Ingenieros: “Esos son los hechos que nadie puede negar sin mentir. Para los hombres de negocios y de números se trata de “victorias militares”, en que ha vencido la brutalidad a la brutalidad, la violencia a la violencia. Pero pensamos de distinta manera. Lo que ha triunfado en Rusia son las fuerzas morales que han templado la fe de sus dirigentes, capacitándolos para crear una organización tan sólida que ha resistido la ofensiva convergente del capitalismo alarmado y el amarillismo traidor. Se trata de las “victorias morales”; la mayor de todas no ha consistido en derrotar veinte ejércitos en sus fronteras, sino en modificar la opinión pública del mundo, incluso la de sus propios enemigos”.

Observemos, mis QQ:. HH:., la descripción que nos hace José Ingenieros, de la situación emergente de la 1ra. Guerra Mundial y sus causas: “A principios de 1919 se afirmaba que los bolcheviques eran bandoleros despreciables, repugnantes asesinos, en un ciego furor contra todo lo que significaba cultura o civilización, mataban por ferocidad instintiva, robaban sin escrúpulos, prostituían a sus hijas, incendiaban monumentos artísticos. A fines de 1920, ninguna persona que tenga responsabilidad moral –los periodistas anónimos y los políticos profesionales carecen de ella- se atrevería a escribir tales patrañas con su firma, por temor al ridículo”.

Sigue Ingenieros diciendo: “La opinión de todas las izquierdas –liberales sinceros, socialistas, laboristas, sin distinción de matices- ha acentuado sus simpatías por la Rusia revolucionaria, defraudando la activa propaganda de los gobiernos capitalistas confabulados en la Liga de las Naciones y del socialismo amarillo fracasado en la Segunda Internacional”

“Ante esa realidad ya inocultable comienzan a resignarse algunos gobiernos precavidos; el de Inglaterra no se avergüenza en mantener con los bolcheviques relaciones casi diplomáticas que implican un reconocimiento del nuevo régimen emanado de la Revolución. Pronto, forzados por la necesidad, se resignarán otros gobiernos sin excluir los más recalcitrantes. Esa es la grande, la sorprendente victoria: haber roto seculares prejuicios y rutinas, contribuyendo a formar “...una nueva conciencia” en la humanidad. Ese triunfo moral es indestructible; sobrevivirá a los contrastes y a las restauraciones que turben el advenimiento progresivo de un orden social más justo”.

“Ha comenzado ya –declara enfática e ilusoriamente Ingenieros— en todos los pueblos, una era de renovación integral, cuyas generosas proyecciones políticas, éticas y –meconómicas, solo nos es dado entrever…”

“Tan magna obra --magnifica el pensador— necesita y espera la acción de las nuevas generaciones, de la juventud entusiasta y optimista; ella puede labrar el porvenir, porque no tiene complicidades con el pasado; en sus manos están los ideales de justicia y las esperanzas de solidaridad, en esta hora inicial de los tiempos nuevos…”

Primer final de una nota

Hasta ese párrafo final de su libro «Los tiempos nuevos», podemos imaginar que el I:. y P:. H:. José Ingenieros pecase de exceso de idealismo. Han transcurrido casi 100 años desde que el bolchevismo llevase el maximalismo hacia la consolidación de la Revolución Rusa, y a su fracaso político en la década de los años 80´ del siglo pasado. Aunque creamos que mucho ha cambiado, la mera observación cotidiana nos habla de la repetición de los errores cometidos en tiempos en que se desataron las dos grandes guerras del siglo XX.

Asistimos no sin asombro a un tiempo en que existe conciencia de la inmoralidad e incluso la amoralidad que caracteriza la cosa pública. Y sin entrar en detalles en la cosa ciudadana. En el libro mencionado, José Ingenieros incorpora un capítulo que titula “Inmoralidad del régimen capitalista” y fija los detalles en el tiempo que le toca vivir, es decir, en la década de los años ´20 del siglo XX.

Dice Ingenieros: “Todos los moralistas, sin distinción de escuelas, coincidían años después de la guerra, en señalar una progresiva corrupción de la moral práctica en las naciones más caracterizadas por su desarrollo capitalista. Una fiebre de lucro y especulación minaba los sentimientos de solidaridad social. En ciertas clases sociales, divorciadas de todo trabajo útil para la sociedad, los hábitos de holgazanería y parasitismo tornaban cada vez más inescrupulosa la lucha por la vida entre los hombres…”

“Esas pequeñas minorías de elementos antisociales imponían leyes y costumbres en cada país, constituyendo plutocracias u oligarquías privilegiadas que detentaban el mecanismo institucional del Estado, la política y la finanza se combinaban para legalizar los acaparamientos, proveedurías, proteccionismos, trustificaciones y otros cien resortes de especulación a expensas de las clases productoras. El categórico “!Enriqueceos!, honesta o deshonestamente” habíase decidido ya por el segundo término de la disyuntiva; el capitalismo como sistema, no era la acumulación de capital por el trabajo propio, sino por la explotación del trabajo ajeno”…

Esta descripción cruda y veraz de la realidad de su tiempo, asombra al corresponderse con la actual situación “moral” del tiempo que nos toca vivir. Apabulla saber lo coincidente de la sintomatología, que nos abruma al pensar que no hemos aprendido nada y que los azotes inhumanos no detienen la máquina de aherrojar al Hombre.

Sin embargo no terminan aquí las coincidencias sintomatológicas de aquella inmoralidad y la que con actualidad impera en nuestro mundo, que ahora contiene a más de 6 mil millones de seres humanos…

Dice José Ingenieros: “A medida que el Estado se definía como instrumento político de la plutocracia capitalista, tornábase más numerosa la fauna parasitaria que accionaba en provecho propio las fuerzas vitales de la sociedad. El mal contaminaba a todo y a todos. La administración pública convertíase en refugio de ociosos burócratas, la industria y el comercio eran carcomidos por enguantados especuladores, los partidos políticos degeneraban en pandillas de traficantes deshonestos, las iglesias olvidaban sus credos espirituales y se entregaban al materialista afán de acumular riquezas, el amor se mercantilizaba en turbias cotizaciones matrimoniales, la actividad personal se aplicaba a captar hábilmente los frutos del ajeno esfuerzo. En esa degeneración sombría, la patria, la política, la amistad, la religión, la familia, el trabajo, iban pediendo todo valor moral, convertidos en sofismas de justificación al servicio de traficantes grandes y pequeños.”

¿Qué ha sido, entonces, José Ingenieros, sino un esforzado veedor del tiempo que le tocó vivir y además, un visionario que «adelantaba» un diagnóstico feroz de los tiempos nuevos que habrían de suceder, incluso, a la 2da. Gran Guerra mundial, que no pudo observar por haberse ido, tal vez a tiempo, tan amarga y voluntariamente...?

Nos hallamos en la actualidad padeciendo idénticos pero exacerbados sucesos de inmoralidad social, públicos y privados, nada más que superlativizados por el crecimiento tecnológico que concentra poder cada día en muy pocos y excluye cada día a más ciudadanos que, en realidad, han dejado de ser tales para asimilarse a las instancias de los vasallos en tiempos medievales.

La tristeza nos invade cada vez que leemos los comentarios que se manifiestan en las Listas masónicas en la Web, --que se han constituido en ventanales que transparentan el pensamiento de los QQ..HH:. que incursionan en ellas--. Hace largo tiempo se dice de nosotros, los masones, que nos hallamos en instancias decadentes y casi en extinción. Y a pesar de nuestra resistencia en negarnos tal realidad, esta supera, en sus expresiones cotidianas, todo lo imaginable.

Cuando Ingenieros habla de la relajación de la moral y describe su sintomatología, dice, por ejemplo, que «Los electores explotaban a los candidatos y los elegidos burlaban a los electores. Los gobernantes exprimían a los gobernados y los sacerdotes a los creyentes; los militares hambreaban a los pueblos que se proponían defender. La vida entera del hombre, rico o pobre, activo u ocioso, joven o anciano, estaba ocupada en la tarea de enriquecerse a expensas del prójimo o evitar que otros lo hicieran en su propio perjuicio.»

Finalmente, el pensador argentino dice: «El bosquejo, aunque somero (¡!), basta para comprender que eran profundas causas económicas las que determinaban tristes efectos morales en la humanidad entera. Los hombres adaptaban sus ideas y sus sentimientos a esa atmósfera de rivalidad y de engaño, acostumbrándose a buscar el bien propio en el mal ajeno. Poco a poco, los ideales éticos de justicia y de solidaridad eran desalojados por delictuosos sentimientos de picardía y de explotación».

He intentado, en estas reflexiones de un viejo masón, «aggiornar» a nuestros QQ:. HH:. sobre una realidad que se repite y que ha llevado a la humanidad a las grandes calamidades ocurridas no solo en el siglo XX, sino en todos los tiempos en que la ética y la moral desaparecen en el contexto de la convivencia humana.

Lo hago porque tengo confianza y convicción de que es la Masonería el vehículo más apto para canalizar las ideas, ideologías y recrear la armonía social en un mundo que avanza decididamente hacia otro holocausto.

Nada de lo que nos ha dejado escrito el I:. y P:. H:. José Ingenieros, tiene tan solo relación con la descripción del tiempo que le tocó vivir. Es de una asombrosa vigencia y revela que es el Hombre el único animal que tropieza más de una vez con las mismas piedras del camino.

La violencia que se desata como fruto de las inequidades y las iniquidades del sistema capitalista, no se detiene ni en el neoliberalismo, la aldea global o las injusticias del «individualismo feroz», que emergen de los cantos de sirena del «sueño americano», ente otros muchos síntomas de la amoralidad subyacente. Y por falta de espacio, dedicar un extenso párrafo a la «crisis financiera mundial», que es tal vez el más grande latrocinio de la historia del capitalismo...

La violencia se manifiesta hoy, --tal vez como nunca en la historia de la especie humana--, a consecuencia de la supervivencia del pensamiento de los sátrapas, que aprovechan las ideas de las viejas escuelas dogmáticas «...y con dialéctica de ciegos o con espiritualista hipocresía, majaderean que el remedio a tan graves problemas, debía buscarse en una rehabilitación de los más rancios y apolillados dogmatismos»...

Nada nuevo hay bajo el sol. No cabe duda que la historia se repite. No han transcurrido centurias desde que la 1ra. y la 2da Guerras Mundiales desataron el poder de fuego cada día más tecnificado, que hoy prolifera en diversos frentes de batalla y por causa de la generación de energía necesaria para la continuidad de un sistema productivo inequívocamente inhumano. Tales como Afganistán, Pakistán y otras "zonas de conflicto" que la opiniòn pública conoce...

Mañana va a ocurrir que la violencia y todas las iniquidades que de ella se derivan, afectará salvajemente a un planeta superpoblado que habrá de reclamar la administración del agua potable, --no ya de los hidrocarburos como fuentes energéticas--, pues sin el líquido elemento no habrá esperanzas, no ya para la irracional proliferación de la vida humana, sino sencillamente para la vida en la Tierra.

Creo, fervientemente, que en esta generación de masones que en el filosofismo han alcanzado los altos grados, como en el seno de las L:. de todo el planeta, seguramente habrá una «revolución» principista, que derroque a los «pavos reales» que hoy se afirman en la incompetencia e ignorancia de las nuevas generaciones de masones iniciados, y proceda a revisar las tonterías y desarraigos masónicos que se han realizado a la doctrina.

Se hace imperioso, dada la realidad que nos toca vivir, tamizar el fárrago de inconsecuencias que se han enquistado (y se enquistan) en el quehacer masónico; dar por finalizado este tiempo de «culto a la personalidad», «ceremonialismos», trivialidades, insustancialidades y ahondar en la «antigua doctrina» que como testimonio de su profundidad humanista, nos dejara el I:. y P:. H:. José Ingeros, a través de la ahora legendaria frase: «...luchemos por un mundo mejor ante un actual imperfecto».

Si no, en poco tiempo más la Masonería dejará de ser una Esperanza para la humanidad y se convertirá en una «five of clock tea» o un coloquio de anquilosados y temerosos entendidos ocultistas...

Cuando revisamos los archivos de la correspondencia intercambiada en las listas masónicas en la Web (que es hoy por hoy la única ventana que nos permite conocer lo que es tratado en las L:. o en los ámbitos masónicos de todo el mundo), no podemos menos que sentirnos temerosos del futuro que le cabe a la Orden.

El tratamiento de temas insubstanciales como de qué manera debemos caminar en L:. ó qué «instrumentos» deben ser colocados donde y en que orden ó cómo deben ser colocadas las «luces»; candelabros ó cual debiera ser el ceremonial para la recepción de «autoridades» o QQ:. HH:.; incluyendo la curiosidad sobre tal o cual palabra en el contexto de los «trabajos» a realizarse en el «taller» o las "Bóveda de espadas", para rendir homenajes innecesarios, se sobrecoge nuestro corazón y ensombrece el pensamiento, pues advertimos que resulta cierta la preocupación por la no tan presunta decadencia, sino la certeza de que resulta insubstancial la doctrina masónica, en manos hoy de un gran «despiste» doctrinario. Poco advertimos hoy sobre el imprescindible accionar masónico en el esclarecimiento del tiempo que nos toca vivir.

Aún más, si nos adentramos en la flaqueza de las convicciones, en los equívocos doctrinarios plagados de propaganda ideológica, en la huida tempestuosa de la realidad subyacente y en la lenta extinción de los principios que nos obligan a «luchar» por el bienestar y progreso de la Humanidad y en contra de la ignorancia, el fanatismo y la superstición... Prestémosle mucha atención al tiempo que nos toca vivir.

Publicado por RicardoEdgardo en 13:40

1 comentario:

  1. M:.R:.M:. Ricardo:
    Gracias por revivir con fuerza y conocimiento las enseñanzas del H:. José Ingenieros.
    De niño y adolescente, mi padre me regaló las obras mas importantes de este médico y filósofo argentino.
    Y siempre me recordaba y me pedía que tuviera en cuenta una frase de "El Hombre Mediocre" que reza mas o menos así:
    "[...]donde anidan los pollipavos, no tienen lugar los aguiluchos"

    Un gran abrazo a vos y también a Mauricio, de corazón.

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