Blog masónico de Ricardo E. Polo

sábado, 6 de marzo de 2010

Sobre los orígenes de la Francmasonería

por el V:. H:. Ricardo E. Polo : .


datos obtenidos en la Revista "Arquitectura" del 08/11/2003

Varias fuentes confluyen en el origen de la masonería y en este ensayo se habla de unas cuantas, teniendo como punto de partida unas reflexiones de Rerné Guénon al respecto

Sobre el tema de los verdaderos orígenes de la Francmasonería mucho se ha escrito desde perspectivas diversas y a veces muy opuestas, dado que la transición entre la antigua Masonería operativa de los constructores de catedrales y la especulativa actual, está rodeada de cierta oscuridad.

Algunas opiniones no la ven remontarse sino al siglo XVIII con las Constituciones de Anderson, aunque ya en su momento gran parte de la Masonería inglesa de la época no vio ninguna "regularidad" en la "reforma" de Anderson, que se apartaba de algunos de sus antiguos Landmarks (*). Este es el caso también de la actual Masonería inglesa que se reclama heredera de aquella y de logias y obediencias no inglesas de diferentes Ritos, como muchos especialistas autorizados que no ven en la Masonería de Anderson sino una alteración y "modernización" expresa de un legado tradicional, sagrado e iniciático, mucho más arcaico.

A continuación y por aportar bastante claridad y precisión al tema, citamos un pasaje de Rene Guénon traducido al castellano, del capítulo: “A propósito de los signos corporativos y de su sentido original”, del tomo 2° (pg. 72 a 75) y unas citas del 1°, de sus “Estudios sobre la Francmasonería y el Compañerazgo” (Éditions Traditionnelles. París 1978):

"Los primeros responsables de esta desviación (de la Masonería "moderna") son por lo que parece, los pastores protestantes Anderson y Désaguliers, que redactaron las Constituciones de la Gran Logia de Inglaterra, publicadas en 1723, haciendo desaparecer (1) todos los antiguos documentos a los que pudieron echar mano para que no se apercibieran las innovaciones que introdujeron y también porque estos documentos contenían fórmulas que estimaban molestas, como la obligación de "fidelidad a Dios, a la Santa Iglesia y al Rey", marca incontestable del origen católico (2) de la Masonería (en nota: "En el curso del siglo XVIII la Masonería escocesa fue un ensayo de retorno a la tradición católica, representada por la dinastía de los Estuardos, en oposición a la Masonería inglesa, convertida en protestante y adicta a la Casa de Orange"). Este trabajo de deformación lo habían preparado los protestantes aprovechando los quince años que transcurrieron entre la muerte de Cristóbal Wren, último Gran Maestro de la Masonería antigua (1702), y la fundación de la nueva Gran Logia de Inglaterra (1717) (3) . Sin embargo, dejaron subsistir el simbolismo (4) sin apercibirse de que para cualquiera que lo comprendiera, testificaba contra ellos tan elocuentemente como los textos escritos que no llegaron a destruir. He aquí muy brevemente resumido lo que deberían saber todos aquellos que quieren combatir eficazmente las tendencias de la Masonería actual (en nota: "Ha habido ulteriormente otra desviación en los países latinos, esta vez en un sentido antirreligioso, pero es sobre la "protestantización" de la Masonería anglosajona que conviene insistir en primer lugar).

No vamos a examinar aquí en su conjunto la cuestión tan compleja y controvertida de los orígenes múltiples de la Masonería; nos limitaremos a considerar lo que puede llamarse el lado corporativo, representado por la Masonería operativa, es decir, por las antiguas cofradías de constructores. Estas, como otras corporaciones, poseían un simbolismo religioso o si se prefiere, hermético-religioso, en relación con las concepciones de este esoterismo católico que tanta extensión tuvo en la Edad Media y cuyas huellas se reencuentran por todas partes, sobre los monumentos e incluso en la literatura de esta época. En contra de lo que numerosos historiadores pretenden, la confluencia del hermetismo con la Masonería remonta mucho más lejos que la afiliación de Elias Ashmole a esta última (1646); pensamos incluso que se buscó solamente en el siglo XVII el reconstituir en este sentido una tradición de la que gran parte se había perdido. Algunos que parecen bien informados de la historia de las corporaciones, fijan con mucha más precisión incluso, en 1459, la fecha de esta pérdida de la antigua tradición (en nota y comentando un artículo de Albert Bemet sobre los laberintos sobre el pavimento de las iglesias en la revista El Velo de Isis: "Este artículo...contiene una pequeña inexactitud: no es de Estrasburgo sino de Colonia que está fechada la carta masónica de Abril de 1459").

Nos parece incontestable que los dos aspectos, operativo y especulativo, han estado simpre reunidos en las corporaciones de la Edad Media que, por otra parte, empleaban expresiones tan claramente herméticas como la de "Gran Obra", con aplicaciones diversas pero siempre analógicamente correspondientes entre sí (en nota: "Señalemos también que existió hacia el siglo XIV, sino antes, una "Massenie du Saint Graal", por la cual las cofradías de constructores estaban religadas a sus inspiradores hermetistas y en la cual Henri Martín (Historia de Francia. I, III, pg. 398) ha visto con razón uno de los orígenes reales de la Francmasonería). Por otra parte, si quisiéramos ir verdaderamente a los orígenes, suponiendo que la cosa fuera posible con las informa-ciones necesariamente fragmentarias de las que se dispone sobre esta materia, sería necesario sin duda remontarse más allá de la Edad Media, e incluso más allá del Cristianismo. Esto nos lleva a completar sobre un punto lo que hemos dicho aquí mismo del simbolismo de Janus en un precedente artículo (Diciembre 1925), pues ocurre precisamente que este simbolismo tiene una relación muy estrecha con la cuestión que ahora nos ocupa.

En la antigua Roma, efectivamente, los Collegia Fabrorum (cofradías de constructores y artesanos) rendían un culto especial a Janus, en honor del cual celebraban las dos fiestas solsticiales correspondientes a la apertura de las dos mitades ascendente y descendente del ciclo zodiacal, es decir, a los puntos del año que, en el simbolismo astronómico al cual ya hemos hecho alusión, representan las puertas de dos vías celestial e infernal (Janua Coeli y Janua Inferni). Por consiguiente, esta costumbre de las fiestas solsticiales se ha mantenido siempre en las corporaciones de constructores; pero en el Cristianismo, estas fiestas se han identificado a los dos San Juan, de invierno y de verano (de donde la expresión de "Logia de San Juan" que se ha conservado hasta la Masonería moderna), y hay en ello aún un ejemplo de esta adaptación de los símbolos precristianos que hemos señalado en varias ocasiones.

De lo que acabamos de decir, sacaremos dos consecuencias que nos parecen dignas de interés. La primera, que en el caso de los Romanos, Janus era, ya lo hemos dicho, el dios de la iniciación a los misterios, y al mismo tiempo el dios de las corporaciones de artesanos, y eso no puede ser el efecto de una simple coincidencia más o menos fortuita. Necesariamente debe haber una relación entre estas dos funciones vinculadas con la misma entidad simbólica. En otros términos, es necesario que las corporaciones en cuestión estuvieran desde entonces, como también lo estuvieron más tarde, en posesión de una tradición de carácter realmente "iniciático".

Notas:

(*) A propósito de ésto señala Denys Román (Réflexions d'un chretien sur la Franc-Maçonnerie. Éditions Traditionnelles. París 1996. C XIII, pg.173): "En efecto, los Operativos, numerosos aún y muy descontentos de las actas de Anderson, intentaron en diversas ocasiones recuperar la dirección de la Orden. Habían nombrado como jefe al duque de Wharton. Los innovadores, temiendo el acceso de este último a la Gran Maestría, intrigaron para que la elección de 1722 no tuviera lugar. Pero esta combinación fracasó y Wharton fue Gran Maestro. Una minoría rehusó reconocerlo; las cosas se envenenaron y hubo amenaza de escisión. Finalmente se llegó a un compromiso: Wharton se quedaba con los honores de Gran Maestro pero Désaguliers recibía el oficio de Diputado Gran Maestro con la totalidad del poder (en nota: un grabado muy reproducido presenta al duque de Wharton soberbiamente emplumado recibiendo de manos de Désaguliers el libro de las Constituciones, que "consagraba" el triunfo de las ideas de los innovadores). Sin embargo, Wharton no aprovecharía mucho tiempo su "pírrica" victoria; encontró el medio de descontentar incluso a sus partidarios y su influencia fue efímera. ¿Fue él quien fundó en esa época la Orden de los Gorgomones? La cosa es probable sino cierta (en nota: Arruinado, pasado al servicio de España y convertido al catolicismo, murió en 1731 en el monasterio franciscano de Poblet, adonde se le había llevado después de su última enfemedad. Algunos pretenden que había sido Gran Maestro de la Masonería francesa durante un año)". (N del T: sólo señalar que el monasterio de Poblet -Tarragona- es de la orden del Cister)

1) - El mismo autor dice: "En lo que concierne al incendio de los archivos de la Logia de San Pablo (en el que se quemaron gran cantidad de documentos operativos antiguos. Old Charges), es verosímil que la responsabilidad no deba ser atribuida a Payne, ni quizá incluso a Désaguliers, pero ¿podría decirse lo mismo de Anderson, personaje mucho más sujeto a sospecha desde otros puntos de vista?" (Tomo I, pg. 264)
2) - A este respecto Denys Román nos dice (Rene Guénon et les destins de la Franc-Maçonnerie. Editions Traditionnelles. París 1995; C IV, pg.83): "La "cristianización" de la Masonería occidental se ha hecho de una vez por todas, probablemente hacia el siglo V de nuestra era por iniciados particularmente cualificados para una obra tan importante y difícil. Lo que han dejado subsistir de la Masonería de los Collegia Fabrorum, así como el simbolismo polar, las referencias al Pitagorismo y a las tradiciones celta, caldea, egipcia y grecolatina, todo eso ha sido gravemente dañado por la nefasta acción de Anderson y de sus pálidos imitadores. Y -volvemos aquí a las preucupaciones de Jean Palou (ver de este autor: La Francmasonería. Ed. Dédalo. Buenos Aires 1979)- ¿no habría sido precisamente para reparar estas "heridas" que se habría instituido "la Masonería Escocesa"?
3) - Sobre este punto el mismo autor precisa: "En el Grand Lodge Bulletin de lowa (nº de septiembre) se dedica un estudio a los orígenes de la Gran Logia de Inglaterra, y muestra la oscuridad de la que está envuelta su historia: Aunque la Gran Logia se organizara en 1717, sus actas no empiezan hasta la reunión del 24 de junio de 1723. En las Constituciones de este mismo año 1723, nada se dice de su organización, y es sólo en la edición de 1738 que Anderson añade una historia de sus primeros años que, además, difiere sobre muchos puntos de lo que se conoce por otras vertientes, ¿no había algunas buenas razones para envolver así de misterio el paso de la Masonería operativa a la Masonería especulativa? (Tomo I, pg.252)
4) - En tomo I, pg. 219 : "Nosotros no pensamos que las dichas Constituciones sean sólo el producto de la fantasía de una individualidad sin mandato; no es dudoso, en cambio, que la obra de Anderson fue una “protestantización” querida y consciente de la Masonería".


Este artículo fue publicado sin firma en la desaparecida revista “Arquitectura”, nº 1, Barcelona, 1997, y difundido por la lista "Traditio"en su mensaje 11

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