Blog masónico de Ricardo E. Polo

viernes, 19 de febrero de 2010

Amoralidad y ética

Por el V:.H:. Ricardo E. Polo : . León Tolstoi (1828-1910), el escritor ruso que por estos tiempos de globalizaciones pérfidas aparece como una antigüedad de museo, sostuvo que «Vivir en contradicción con la razón propia, es el estado moral más intolerable».

Arthur Schopenhauer, uno de sus contemporáneos en los siglos XVIII-XIX, filósofo alemán de vez en cuando referenciado por nuestros contemporáneos estudiosos de la filosofía, decía sobre la moral, que «Predicarla es cosa fácil; mucho más fácil que ajustar la vida a la moral que se predica».

Referirnos a las ideas de tales pensadores, seguramente parcializa cierta universalidad de la conducta humana, pues no resulta válido circunscribirla a las frases, acertadas o no, que intentan ejemplificarlas. La doble moral es algo habitual y hasta milenaria en nuestro mundo. Y en especial, en nuestro tiempo. Es probable que Bertrand Russell haya definido con mayor exactitud esa duplicidad. Nos dijo que «La humanidad tiene una moral doble: una, que predica y no practica, y otra, que practica y no predica». Por eso, tal vez, ha sido Anatole France quien haya postulado eso de que: «Llamamos peligrosos a los que poseen un espíritu contrario al nuestro, e inmorales a los que no profesan nuestra moral».

La hipocresía ha sido y es el alma del fariseísmo: el fingir cualidades e incluso sentimientos, es parte esencial del doblez y la falsía, cualidades estas del triunfalista contemporáneo. Aunque el: «en todas partes se cuecen habas» parecería un antiguo dicho de nuestros abuelos, la deontología, ajustada a la contemporaneidad, merecería ser tenida no solo en cuenta, sino minuciosamente estudiada. Términos como: Ético, honesto, decoroso, honrado, decente, íntegro, recto, puro, justo, naturalmente que se contraponen con inmoral, amoral, deshonesto. Y aunque hoy ciertos temas nos son presentados como superados por la también devaluada «realidad», lo cierto es que así como nos abocamos a estudiar la arqueología con ciencia, ojos y mente de habitantes del siglo XXI, así pensamos que debemos observar las distorsiones que el neoliberalismo o implanta o intenta implantar sobre lo que autodenomina «globalización».

La falta de memoria de nuestros contemporáneos, incluyendo aquellos que creen ser «esclarecidos», evidencia cuánta razón tienen los que sostienen que es el hombre el único «animal» que tropieza dos veces con la misma piedra. Inmersos hoy en el deslumbramiento del desarrollo de las nuevas tecnologías, no advertimos la celeridad con la que nos han quitado el asombro. Y esa falta de asombro nos evita el darnos cuenta de las desmesuras. Porque de una manera u otra, hemos perdido la perspectiva de cómo nos afectan aquellas y de qué manera nos vemos sumergidos en una regresión al hoy vanamente disimulado vasallaje.

No cabe duda que el siglo XX ha sido desencadenante de un vertiginoso movimiento de numerosas vertientes que aparentan conducir al Hombre hacia un mundo mejor. Las ideologías hicieron su papel preponderante que, a comienzos del siglo XX, convulsionaron a los miles de millones de habitantes del planeta, recreando esas variables y condensán-dolas en las actuales circunstancias político-económico-sociales, que constituyen el perfil dicotómico que mediáticamente se nos impone y que el perseverante consumismo nos impide advertir. Sin embargo, la multiplicidad de situaciones a las que el planeta se ve sometido, no permite advertir la regresión que, en síntesis, se avizora en el dominio de la realidad contemporánea.

Y debido al condicionamiento de los medios de difusión, en lo relativo a la veracidad de la información distribuida al «ciudadano». Resultaría una torpeza de nuestra parte enumerar la cualidad o calidad de los desencuentros que imperan hoy día. Todos ellos son la consecuencia del sinnúmero de los desaguisados que vienen ocurriendo desde el medioevo y a causa del empecinamiento con el que los «poderosos» persisten en alentar su predominio y consolidar su codicia.. Si alguien cree que el «sentido» de clase y poder de los feudalistas, monárquicos y cortesanos elitistas medievales concluyó con los efectos de la Revolución Francesa, no solo se equivoca sino que se encuentra desorientado en el seno de la realidad.

El advenimiento de la actual democracia republicana como sistema político y sus consecuencias, asume la «apariencia» de un progreso significativo en la reunión, de los ahora miles de millones de seres humanos que se reproducen en el planeta. Pero creer que la «actual democracia» es la panacea también resulta un mito impuesto en el «mundo occidental», dominado hoy por poderes económico-financieros cuya ética y moral, si es que así puede denominársela, constituye un remedo bastante parecido al feudalismo del que hablamos.

La democracia republicana, que debería ser el sistema socio-político que consagre la condición de ciudadano a cada individuo bajo su égida, resulta hoy ser un sistema bastardeado por la multiplicidad de intereses que, entre otros factores de poder, impone la autodenominada «clase política». (Que apela falsamente al tema de la representación, tratando de obviar los beneficios de la democracia participativa, que retacean y desvirtúan…) Si a esa inmoralidad sumamos la vastedad de los desaguisados que la concentración del poder económico-financiero produce en la sociedad contemporánea, podemos explicar, entre otras, la generalizada violencia que se ha desatado sobre el planeta.

Podemos, incluso, asimilar el hecho de que la realidad derivada del accionar de los factores de poder sobre la sociedad contemporánea, ni siquiera constituye una imitación del sistema de vasallaje que imperaba en su tiempo, sino un remedo de aquellas circunstancias que padeció la humanidad. Y con el agravante de que millones de seres humanos se encuentran inmersos en los devaneos, que la mediática les hace creer -y a veces a pie juntillas- que lo «que denominan democracia republicana» les permitirá desarrollar una existencia en la que imperen la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad... Aquí podemos circunscribir nuestro reproche a la realidad que nos toca vivir, ya que los hechos que se suceden en «todo el mundo occidental» van sumando día tras día más violencia, más hipocresía, más mentiras, más avasallamiento y mas injerencia sobre las «soberanías» no solo de los Estados, sino y especialmente, sobre el Hombre y su vulnerabilidad.

La «desinformación y la manipulación» que campea en Occidente y por caso sobre la realidad Latinoamericana, podemos verla claramente hoy a través de la incursión en la televisión por cable, del nuevo canal denominado «Telesur». La incorporación a la televisión por cable de este nuevo Canal integrado por capitales de varias naciones de América del Sur y especialmente apoyado por la petrolera venezolana PDVSA, ha resultado ser una ventana a través de la cual, al menos, nos es posible acceder a información que de otra manera la mediática no promueve ni explicita.

De allí que se hayan intensificado las «operaciones» destinadas a perturbar sus emisiones, comenzando con la detención de periodistas corresponsales, como es el caso de Frey Muñoz Altamiranda, corresponsal en Colombia, acusado de «terrorismo» o la sistemática adjetivación de «populismo», «demagogia» etc., mediante la que la «globalización neoliberal» intenta descalificar a los sistemas políticos latinoamericanos que «pretenden» ¡OH audacia...! transformar la injusta realidad de nuestros países. Hasta parece mentira que nuestras naciones hayan desapoderado a sus ciudada-nos, de los sueños que los «libertadores», inspirados en Francisco de Miranda, pergeñaran hasta con su sangre, en las epopeyas de la Emancipación.

El gran problema a resolver en Latinoamérica en especial, es la de la absoluta inequidad con la que las Plutocracias vernáculas, someten desaprensivamente a millones de seres humanos que padecen hambre, en países donde la riqueza es abundante pero su distribución sencillamente injusta, delictiva y hasta mafiosa. Si pudiésemos abarcar en pocas palabras la magnitud de la realidad «amoral» que impera por estos días en los conflictos globales en el planeta, comprenderíamos la imperiosa necesidad de que las mentes esclarecidas, procuren desentrañar la vastísima red de mentiras y tergiversaciones que obnubilan la mente de la ciudadanía.

A esta altura de los acontecimientos mundiales y la certeza de los engaños, mentiras y manipulaciones de la verdad histórica contemporánea, se hace no necesario sino imperioso, dejar claros los caminos a seguir a través de la verdad. ¿Y cual es esa Verdad? Esa verdad, en el ámbito de la masonería, debiera ser, más allá de su milenaria búsqueda, un proceso permanente de esclarecimiento, información, verificación y estudio. Los silencios hipócritas mediante los cuales los hombres que se dicen «esclareci-dos», evitan tratar estos problemas cada día más agudos e inmorales y bajo el pretexto de que las normativas «impiden la consideración de los mismos en las reuniones entre hermanos», resultan ya poder ser considerados como en «complicidad» con los intereses que nos condicionan desde hace cerca de 300 años.

Los extremos de «astigmatismo» en función del cual los masones nos vemos constreñidos a participar de un sistema casi monárquico (y el «casi» considerarse un eufemismo...) asombran en tanto debiéramos pensar que el solo hecho de ser «iniciado masón», implica un serio compromiso con la realidad y en especial y hasta fundamental-mente. Porque deberemos tener en cuenta, presente y consuetudinariamente claro, que ha sido la Masonería quien ha exaltado la imperiosa necesidad de la «libertad de pensamiento».

Toda acción o reacción tendiente a acallar esa libertad, debe ser considerada un crimen de lesa humanidad, de la misma gravedad que aquél que consideramos frente al de las guerras. John Stuart Mill, en su obra «Sobre la Libertad» (7), en su capítulo 2do. sostiene que: «Si una opinión sobre cualquier asunto no tuviera valor más que para la persona que lo mantiene, y al oponerse a su manifestación solo representara un daño personal, habría entonces alguna diferencia en que el daño fuera infligido a pocas personas o a muchas. Pero lo que hay de particularmente malo en imponer silencio a la expresión de opiniones, estriba en que supone un robo a la especie humana, a la posteridad y a la generación presente, y de modo más particular a quienes disienten de esa opinión que a los que se sustentan.

Si la opinión es justa, se le priva de la oportunidad de dejar el error por la verdad; si es falsa, pierden lo que es un beneficio no menor: una percepción más clara y una impresión más viva de la verdad, producida por su choque con el error». Estas palabras debieran hacer meditar a quienes obran hoy en consonancia con las prevenciones del autor. Nuestra prédica permanente, tanto en las páginas de las revistas, como en las intervenciones que realizamos en la Web masónica en sus diversas Listas, nos encuentra censurados en los ámbitos oficiales de la masonería y en las «intencionalidades permanentes» de algunos masones lamentablemente fundamentaliza-dos en cuestiones relativas al librepensamiento.

Tan exactos son los conceptos vertidos por Stuart Mill, que por sí mismos constituyen un alerta a nuestros detractores, que debieran cesar en sus acciones de desprestigio y subestimación, especialmente ante los HH:. A:., a quienes adoctrinan contra nuestras ideas -cosa que pudiera considerarse correcta- si no fuese que no hay una sola línea que procure rebatirlas. Si en nuestro caso se procede de tal manera, extendamos la prevención hacia los temas ríspidos que «no» son incorporados a la temática logial, circunscripta fundamentalmente al análisis casi infantil, de la temática de los «símbolos», como si estos no fuesen, -además de tener específicos significados-, sencillamente un disuasivo para impedir la profundización de los temas esenciales para la contemporaneidad, en un planeta convulsionado por la violencia, la inequidad y la injusticia.

Extendiendo mas allá de lo propio, el sentido de la censura y los impedimentos al acceso a la opinión, sea cual fuere (más allá de los fundamentalismos dogmáticos de las religiones), sostiene Stuart Mill en el capítulo mencionado que: «Jamás podremos estar seguros de que la opinión que intentamos ahogar sea falsa, y estándolo, el ahogar no dejaría de ser un mal». Asimismo, agrega: «En primer lugar, la opinión que se intenta suprimir por la autoridad puede muy bien ser verdadera; los que desean suprimirla niegan, naturalmente, su veracidad, pero no son infalibles. No tienen ninguna autoridad para decidir la cuestión por todo el género humano y para impedir a otros el derecho de juzgar. No dejar conocer una opinión, porque se está seguro de su falsedad, es como afirmar que la propia certeza es la certeza absoluta.

Siempre que se ahoga una discusión, se afirma la propia infalibilidad: la condenación de este procedimiento puede reposar sobre este argumento común, que, no por ello, es el peor.» Entiende que estas consideraciones nos ayudarán a comprender el reclamo que formulamos en la nota. Porque no somos ideólogos de ninguna tendencia política, sino sencillos analistas de la realidad. Tal es la inquina que se ha desatado sobre nosotros (les pido comprensión sobre el uso mayestático de los términos) que se ha llegado al extremo de que algunos «hermanos» de mi país dedican su tiempo a calumniarme en el exterior, enviando falsas informaciones sobre mi persona, membresía, grados alcanzados, etc. a otros HH:.

Debo confesar que me duele, pero también debo afirmar que no se trata de una «campaña orquestada» por algún servicio al servicio de las ideologías, sino a la incapacidad masónica de tolerancia y búsqueda de la verdad, que ciertos enanos del pensamiento desatan cuando no pueden admitir su inferioridad intelectual. Es lamentable. Significativo. Persistente. Hace 7 años que tales intolerancias se manifiestan, en consonancia con la edición de la revista, su continuidad, periodicidad y valentía en las opiniones vertidas en sus páginas. América Latina Por estas horas en que redacto esta nota, se han llevado y llevan a cabo elecciones democráticas en América Latina.

A nadie escapa la artillería que el imperio ha desatado por sobre la legitimidad de los sistemas electorales latinoamericanos y por sobre el pensamiento de los líderes políticos, especialmente aquellos que no comulgan con el «Modelo» que intenta implantar el neoliberalismo. Asombra, sin embargo, la pulcritud con la que las demonizadas «izquierdas», especialmente las que el imperio califica de «populistas», han llevado a cabo el proceso que permite a los Latinoamericanos, poder elegir democráticamente a sus representantes. Aún cuando en alguna nación el triunfo de la derecha o centro derecha haya «perturbado» la normalidad institucional, como es el caso de México y como el del Perú, es evidente un cambio sustancial en la madurez de los pueblos, al punto de haber hecho cambiar la posición cardinal de quienes hasta hoy parecen haber mirado hacia el «patio trasero» con «los ojos detrás de la cabeza», como dijese un presidente argentino.

El «progresismo» avanza, el MERCOSUR se consolida y los proyectos de dominio como el ALCA y los TLC fracasaron en su intento de consolidar la colonización de Sudamérica. Frente al resultado de las elecciones en Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Brasil y el alineamiento argentino en la regionalidad de los cambios, segura-mente escucharemos el que «esto no va a quedar así». Y no es ninguna novedad y resultará ser hasta premonitorio. Los procesos políticos latinoamericanos han sido especialmente significativos en lo relativo a los efectos de las decisiones que los pueblos adoptan, especialmente en el resultado de los procesos electorales que son el «respiro» que las plutocracias otorgan o conceden, para «santificar» las democracias vernáculas.

El cuestionamiento al statu quo y la posibilidad de llevar a cabo los cambios necesarios ante la injusticia e inequidad que padecen millones de seres humanos, exacerba a los manipuladores de la «opinión pública», cuyo lenguaje resulta engañoso a la hora de las definiciones ideológicas. Mientras el diccionario dice del socialismo que es: «La teoría político-económica que propugna la propiedad y la administración de los medios de producción por parte de las clases trabajadoras con el fin de lograr, mediante una nueva organización de la sociedad, la igualdad política, social y económica de todas las personas. O el movimiento político que intenta establecer, con diversos matices, este sistema», la ultraderecha demoniza la mera posibilidad de que se lleve a cabo la materialización de tal socialismo, aunque los ejemplos como China o Vietnam evidencien la complementación del trabajo con el capital, mancomunados en una estrecha relación productiva y con equidad.

En cambio, la penetración mediática impone sus reglas tergiversando tanto la teoría como la práctica, especialmente «bolchevizando» las posibilidades y exacerbando cualquier definición veraz sobre la propiedad privada, sus alcances y amedrentando a la «ciudadanía», que en realidad es víctima tanto del Nuevo Modelo globalizador, como del vasallaje al que se la somete. En mi país han sido masones destacados y ejemplo de honestidad política y convicciones profundamente humanistas, hombres como el primer diputado socialista de América, el Dr. Alfredo Palacios, pensadores de fuste como el Dr. José Ingenieros o el Demócrata Progresista Dr. Lisandro de la Torre, entre otros, que jamás negaron sus ideas ni aceptaron la pacaterìa de los actuales ignorantes, que repiten las monsergas de la propaganda imperialista. Términos como «imperialismo», «colonialismo», «socialismo», «progresismo», parecen estar prohibidos en el seno de los Talleres.

Hay un olvido o desconocimiento profundo sobre que hasta mediados del siglo XX, las bibliotecas del país eran fundadas por obreros anarquistas o socialistas. Y que los obreros sindicalizados después de las largas jornadas de trabajo, militaban en esas bibliotecas leyendo toda literatura formativa e informativa, de la que somos herederos mi generación estudiosa y contestataria. Hoy ni se leen los diarios, mientras que en las décadas de los 50´ a los 60´, todavía podía verse en los medios de transporte, subterráneos, ómnibus o colectivos, un extraordinario número de pasajeros leyéndolos. Y hasta existía el «lector de ojito», que leía las columnas del compañero de viaje. Sería un ejercicio de suma utilidad, que nuestros HH:. profundizaran en el tema, averiguando cuántos medios se editan hoy y qué cantidad de ediciones salen de la boca de las rotativas... antes de la «devolución» que realizan los canillitas... Probablemente, uno de los factores que impiden advertir la «manipulación» en los medios, es la falta de «ejercicio» en la lectura de la información o las noticias.

De allí que las «adjetivaciones» y los «giros» en el tratamiento de ambas, aparecen inadvertidos para quienes son «bombardeados» con mentiras, tergiversaciones y, en especial, el «adoctrinamiento» permanente que en todos los ámbitos de nuestra «vivencia del Modelo», nos ha enfermado el cerebro, como lo señala Cervantes al definir el de don Quijote, desquiciado por la lectura desmesurada de obras de caballería... Por caso, la manipulación de las ideas a través de la mediática... Y en nuestro caso, el de los masones, «contenidos» por el fundamentalismo de las Constituciones de Anderson, las Carta Patente, las «regularidades», las intolerancias y la penetración de la Orden por «misticistas», hoy desembozados, que han mezclado en el crisol de los idealismos masónicos, la chatarra de religiosidades, reminiscencias crísticas, monarquismos trasnochado, individualismos feroces, sincretismos inexistentes y muchos intereses aviesamente buscados en esa práctica de la manducación social, en la que se han convertido nuestras reuniones.

Claro está que no en «todos» los talleres, ni en todas las Obediencias, pero si en un significativo número de ellos, cuya consecuencia es el incremento de «soñadores» arrojados al «limbo» de la masonería, con gran beneplácito de los que medran, desprestigian y calumnian a quienes no piensan como ellos. Es probable que un examen minucioso de las deserciones logiales, abatimiento de columnas y escaso número de HH:. en los talleres, se deba a las intolerancias y a la hipócrita mención de una fraternidad escasa o inexistente.

Y no es menos alarmante el hecho de la proliferación de Grandes Orientes o Grandes Logias «disidentes» que, asombrosamente, aunque aparenten no comulgar con las disposiciones de regularidad de la Gran Logia de Inglaterra, ratifican en sus Estatutos las Constituciones de Anderson o insistan en teologizar sus Rituales. Nuestros HH:. o alguno de ellos, dirá que en nuestra nota, como en la vidriera de los cambalaches que menciona el popular filósofo Enrique Santos Discépolo, parecen entremezclase los conceptos vertidos. Hemos hablado de amoralidad, de legitimidades socio-políticas, de elecciones, socialismos y progresismos.

Y parecería entonces que nos hallamos «confundidos» sobre nuestra «realidad» y compromiso masónicos. Y se nos demandará circunspección a la hora de referirnos a quiénes son o debieran ser, nuestros hermanos. Hermano es, mas allá del vínculo familiar, la persona considerada en cuanto a los vínculos espirituales que la unen a los demás miembros de una entidad como la familia humana, la sociedad , una orden religiosa, una cofradía, etc.: Considerarlo así, permitiría imprimir en el alma del iniciado, cierta mística cuyo desarrollo y alcances impedirían toda intolerancia, discriminación, subestimación y desprecio hacia quienes son sus iguales y por extensión ética, a todos los Hombres en cuyo beneficio se debe trabajar en el seno de la Masonería. No existe manual o Ritual alguno de la Orden, que no destaque su accionar en beneficio del Progreso de la Humanidad.

Y si nos circunscribiéramos a la moralidad que el célebre Robert Gallatìn Mackey, -tan mencionado intencionalmente por algunos masones-, podríamos afirmar con él que la masonería es “... el poder vigorizante de las Instituciones... modernas y a las que da, mientras presenten desigualdad de forma, una identidad de espíritu...” Seguramente no muchos masones de fuste, conocen esa frase que no hemos consignado fuera de contexto. Es el resultado de sus convicciones masónicas mas allá de las controversias planteadas a lo largo del tiempo, con relación a la «doctrina» emergente de las Constituciones de Anderson, las mentiras sobre la decadencia de la masonería operativa y hasta el pérfido accionar de quienes han tergiversado la historia de la Orden, una de cuyas increíbles aristas es la multiplicidad de versiones sobre su acontecer.

A medida que pasa el tiempo y los años se acumulan en el «Debe» de mi existencia, con mayor énfasis observo las dicotomías que imperan en nuestra Orden y el malestar institucional que intenta ocultarlo. Y lo que más me asombra, luego de más de 44 años de membresía, es la malignidad que se desata sobre aquellos que se atreven a disentir y no ya sobre aspectos propios de la contemporaneidad, sino sobre temas que ya en ocasión de la existencia del Gran Oriente Federal Argentino, eran planteados en el seno de la Orden.

Es probable que el paso de las generaciones, cierta lenidad en la iniciación de algunos profanos y la existencia de un stablishment nacido al socaire del profesado individualismo pour la galerie, hayan desvirtuado las razones por las cuales surgió aquella Obediencia. Y al mismo tiempo la tergiversación histórica de las razones que motivaron el reencuentro de los HH:. cuando se produjo la reunificación. Afortunadamente pude conocer y establecer amistad con HH:. como Marcial Ruiz Torres, Carlos Wilson, muchísimos republicanos españoles, militar en Logias como «Tolerancia» Nº 4 ó «Verdad» Nº 14, de la que fui V:.M:. dos veces y tener acceso a toda la literatura afín al GO- FA, que se hallaba en la sede de la calle Sarmiento 1872. Entre algunos interrogantes que concitan el asombro, está la desaparición del fresco gigantesco, que sobre las escaleras del edificio, exaltaba en la pintura la presencia de los QQ:.HH:. Libertadores de América, que vestidos con sus mandiles masónicos graficaba la participación de la Masonería en la Emancipación Americana.

Por estos días, emergen iniciados que dudan de la condición masónica del general José de San Martín o que las Logias lautarinas tuvieran carácter masónico. De allí que pueda advertirse el divorcio entre la tradición histórica liberadora de la Orden y las concepciones sin-créticas que sumergen a la Masonería en debates dogmáticos o religiosos, incluyendo el intento de demostrar su origen cristiano, como fundamento de su ideario. El 25 de junio de 1935 nació el GOFA. Impulsaba ese cisma el «fin de vivir y practicar los principios masónicos, proyectando el ideal iniciático en la vida masónica». Dice la Declaración de principios del GOFA: «La masonería puede y debe significar una excelencia social; pero jamás una aristocracia rancia, cerrada e incomprensiva». No nos resulta posible editar toda la Declaración en esta nota. Sin embargo, creo necesario destacar alguno de sus párrafos: dice de la Masonería que «...viene actuando desde el fondo de los tiempos como el tenso resorte que acelera la evolución teniendo en cada etapa de la historia una finalidad determinada de acuerdo con las necesidades y aspiraciones del ambiente.

Absolutamente adogmática, representa y encarna las fuerzas dinámicas, frente a las tendencias estáticas. No tiene como objeto conservar. Sabe que la inmutabilidad no es la ley de la vida social.» En un ejemplo de fraternidad profundamente solidario, dice en uno de los párrafos: «Recomienda a sus adeptos a la propaganda con el ejemplo, la palabra y el escrito, con la reserva de que guarden los secretos establecidos, y les enseña que son sus deberes fundamentales: ilustrarse, ayudarse, protegerse entre si y defender al hermano contra la injusticia, aún con peligro de la propia vida».

 Naturalmente, podemos poner en duda que a la fecha, estos principios, diría que fundamentales, se hayan constituido en práctica rentable. El considerable número de HH:. en sueño y algún cisma concretado y otros en cierne, incitan a pensar que no todo huele bien en Dinamarca. La persistencia en perseguir a los HH:. que manifiestan sus disidencias o la pretensión de circunscribirlos a la dominación de Reglamentos cuya interpretación es capciosa y cuyo contenido es propio de dos siglos atrás, no amerita pensar que nuestra Orden se encuentre en franco aggiornamento progresista y sus actividades en busca del «bien de la humanidad».

Más bien, se intuye el reducto de personalismos, propios de aquella definición principista, que el GOFA denostaba: «...una aristocracia rancia, cerrada e incomprensiva». Hoy podemos dar lectura a editoriales anodinos, ausencia plena de laicidad manifiesta o declaraciones taxativas en materia de Educación, ante los «modelos» concebidos para coadyuvar con el Neoliberalismo globalizador. E incluso, cierto alineamiento ideológico con las falsas opciones de «aldea global», que tras el desaguisado de millones de excluidos del sistema, desnaturalización de la política, precarización en el ejercicio de la ciudadanía, empobrecimiento masivo y limitaciones a las libertados públicas, impiden el ejercicio de la democracia participativa, legitima aspiración del republicanismo en tiempos en que peligra la democracia. Las tristes experiencias demagógicas ocurridas en Latinoamérica, como los más tristìsimas experiencias ideo-lógicas que permitieron fratricidios inconcebibles, se suman hoy a los alineamientos impuestos a través de la concentración de los capitales financieros y la manipulación de las economías regionales, por los organismos Internacionales que han endeudado espuria e ilegítimamente a las naciones emergentes.

Tal situación, que ha ocasionado la ola de reacciones ciudadanas en Latinoamérica, con el triunfo de candidatos progresistas que en forma masiva y legítima acceden al poder, expresa un cambio sustancial en el predominio del imperio. Tal circunstancia debiera encontrarnos preparados para la defensa de la democracia republicana, atentos a los cambios que se operan en el mundo y en especial en nuestro ámbito latinoamericano, so pena de transitar oscura y desaprensivamente, sin estar a la altura del tiempo que nos toca vivir, o a la altura de aquellos pro-hombres de la nacionalidad, que hicieron la emancipación americana. Masones ellos. Es hora ya de no admitir que el tiempo del mundo se mida a través del meridiano de Grenwinch. Tal vez la astronomía debería fijarnos un punto de mayor precisión e indicarnos por qué la Tierra, respecto del sol, tiene al Antártico «arriba», mientras las cartas Mercator nos enseñan que «arriba está el Norte»...

Esa sumisión a las convenciones establecidas por los imperios y los colonialismos, debería ser reemplazada por la plena conciencia de nuestra soberanía intelectual, social, económica y política, sin hacer caso de los remilgados teóricos que dan por ciertas las teorías del hoy arrepentido Fukuyama. La desactualización de nuestros aman-cebados teóricos, aún no les ha permitido conocer que las teorías de Fukuyama, él mismo las ha desvirtuado. No existe la «aldea global» que como resultado de la caída del muro de Berlín, aparenta obligarnos a ser el furgón de cola del sector ultraísta del imperialismo concentrador. Ni que debamos vernos sometidos por los devaneos de la «clase política» vernácula, cuyo fracaso es tan evidente que aún no ha advertido ser también una víctima del Nuevo Modelo.

 La desintegración en la vida política del país, refleja la decadencia de aquellos que optan por acceder a la dirigencia. Toda esta sintomatología que se describe y que nadie puede ignorar, amerita, dentro de la Orden Masónica, la Asunción del compromiso de revisar, responsablemente, las circunstancias que nos han llevado a la actual decadencia. Decadencia no asumida ni reconocida y me-nos aún estudiada, precisamente por el flagelo de la in-tolerancia, la ausencia de fraternidad, el ejercicio de las inquinas o desestimaciones personales y, fundamentalmente, el alejamiento de los principios liminares que nos hablan del «ordo ab chao» (Orden sobre el Caos), la búsqueda del «progreso» para la humanidad, la profundización en los antecedentes históricos de la Orden, la ruptura con las convenciones dogmáticas y el apartamiento de las concepciones estáticas que nos ligan a «Regularidades», dominio y sumisión a los «imperios», que han sido causa de nuestras debilidades, decadencias y sinrazones en el cumplimiento de la doctrina, cuyos parámetros fundamentales se encuentran en la comprensión de principios esenciales como la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. Probablemente por ser tales principios «elementales», se los bastardea, cuando en un mundo donde reina la injusticia, la inequidad y la inhumanidad en los sistemas sociales, económicos y políticos, se tornan imprescindibles y necesarios de imponer a través de la prédica Institucional, especialmente por obra y gracia de los masones, cuya hermandad proviene de ancestrales epopeyas liberadoras, de una humanidad sometida al arbitrio de los poderosos.

La pérdida del rumbo en el accionar proveniente de aquella legendaria masonería operativa, resulta ser hoy por hoy la ocasión de nuestros desencuentros. Los celos, las envidias, los individualismos feroces o las «...aristocracia rancias, cerradas e incomprensivas», asumen el rol desintegrador, perseguidor, envidioso y hasta solipsista, que impide nutrir de capacidades e inteligencias los espacios a llenar entre columnas. Es hora ya de las reacciones. Se impone la modificación de los criterios decididamente monárquicos que regulan el quehacer institucional, amparado en las Constituciones de Anderson de 1723, sin abrevar en el contenido de la Constitución derivada de la Asamblea de Masones de Paris de 1523, que definió con extraordinaria visión en el siglo XVI, el quehacer y la estructura democrática de la Masonería. Estructura que permitió acciones morales en la Historia, como fueron la Ilustración, la Revolución Francesa, la fundación del Colegio Invisible, como se denominó en Inglaterra y luego en Francia a la Sociedad Científica, que agrupó a los más mentados, conspicuos y destacados masones no dogmáticos, muy tolerantes y fraternos y poco dedicados a calumniar, desestimar y perseguir a sus HH:. Ricardo Edgardo Polo, 3 de diciembre de 2006

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