Blog masónico de Ricardo E. Polo

sábado, 20 de febrero de 2010

Palos en la rueda -las víctimas del "poder"-

por el V:. H:. Ricardo E. Polo :.

Los sobresaltos de las novedades y el imperio de la celeridad mediática, por sobre la asimilación de la magnitud de las informaciones y las noticias, hacen al hombre contemporáneo una víctima prevista de los maquinaciones del poder.

Ha sido todo un descubrimiento la velocidad de los datos, cuya acumulación no sirve para nada si no se asimilan su contenido y sus implicancias.

La mayor desinformación del hombre contemporáneo es, precisamente, el cúmulo imparable de datos imposibles de asimilar. Frente a este dato comprensible, uno de los fenómenos mas singulares de nuestro tiempo, es la ignorancia acumulada sobre los aspectos históricos que sustentan nuestras circunstancias.

América Latina se encuentra fragmentada económica, política e históricamente, debido a las distorsiones acumuladas a través de los siglos y cuyo origen ha sido el ocultamiento de los hechos históricos ocurridos a partir del siglo XVI.

Las circunstancias pueden hallarse en el análisis de los aspectos de la colonización comenzada por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón y la consolidación de sus aspiraciones en manos de Felipe II y Carlos V. La decadencia posterior del Imperio Mundial español en manos de sus descendientes, hasta la emancipación promovida por los hijos de los conquistadores, hidalgos, encomenderos e indianos acriollados que seguramente no comprendieron, como hasta hoy, la necesidad de consolidar el mapa del primigenio Virreynato del Perú, en lo que pudo ser los Estados Unidos de Sudamérica.

Los sueños de Miranda, Bolivar, San Martín, O´Higgins, Sucre y tantos otros emancipadores, se entremezclaron con la educación, costumbres e idiosincrasias de sus orígenes. (Al par que las ambiciones británicas de conquista trritorial...)

Tal vez se amalgamaron ilusiones, sueños con tradiciones y dependencias. Y en el devenir de la consolidación de la emancipación, seguramente han intervenido múltiples y arraigados intereses destinados a perturbar el camino de su consolidación definitiva. (Y persiste hoy a 200 años de los gritos emancipadores...)

La mediática y la invasión permanente de las grandes potencias, en su persistente ingerencia de impedir toda normalidad que pudiese alentar el despegue a nuestras naciones, y la transcul-turización constante que impide la coherencia de una continuidad de pensamiento y de tradiciones, solo han contribuido a esta suerte de pauperización intelectual que nos afecta.

Cuando me refiero a lo paupérrimo, lo hago refiriéndome a lo histórico, intelectual, institucional, político, económico, social, patriótico, tradicional, objetivos, esperanzas, y hasta utopías.

Mientras el estallido máyico que permitió como por ósmosis la emancipación americana, permitió el surgimiento de las Naciones Latinoamericanas, con el impulso que al parecer sin desmayo poseían los criollos de varias generaciones indo-hispánicas, la descendencia procuró, -intensa-mente dividida-, aggiornarse políticamente, inmersa en alcanzar los objetivos trazados por hombres como Francisco de Miranda, pero buscándolos en la presunta intelectualidad y tecnología Europeas e incluso británico-norteamericanas.

Estos conceptos son una sencillísima síntesis de los fenómenos socio-económico-políticos ocurridos con posterioridad a las Declaraciones de Independencia de las Naciones latinoa-mericanas.

Serían necesarios sesudos tratados sobre todos los aspectos que hicieron causa común, con la permanente tarea de zapa de los mismos criollos que se sometieron y sus descendientes que se someten a los designios de quienes no permiten nuestro desarrollo.

Uno de los conceptos más remanidos que procuran adjetivarnos como culpables y responsables de nuestras propias falencias, es el de que mientras colmamos de culpas a los “extranjeros” de nuestras propias responsabilidades, no asumimos los roles que nos permitirían despegar.

Algo así como que los lugareños somos estólidos, vagos, inútiles, corruptos, incapaces y que por serlo hemos dejado nuestras ilusiones y sueños, en manos de quienes poseen las virtudes de las que nosotros carecemos.

Tales prejuicios, sistemática y metodológicamente metidos en la conciencia de nuestros ciuda-danos, sumado al falso concepto de que “somos un crisol de razas” y por ende carentes de identidad, son los que a la postre han contribuido a la despersonalización, la desnacionalización y la desesperanza de millones de latinoamericanos. Y en ese fárrago de destrucción moral, la casi certeza de que para Latinoamérica finalizó la Historia.

Desde fines del siglo XIX (finalizadas las luchas fratricidas que impedían la Organización Nacional en nuestros países...) hasta fines del siglo XX, una permanente ingerencia de las grandes potencias europeas por una parte y la acción inteligente y tecnológicamente aplicada por los sectores reaccionarios de los EE.UU. sobre “el patio trasero” de América del Norte, ha sumergido a nuestras naciones en este panorama de destrucción político-económica que nos asuela.

Y al arribo del Siglo XXI, con la aplicación de la perversa doctrina autodenominada “liberalismo económico”, que mediante una tergiversada “globalización” aplica su receta llamada “economía de mercado”, ha logrado aplastar despiadadamente toda posibilidad de desarrollo económico, toda esperanza de progreso, toda posibilidad de grandeza nacional a cada una y a todas las Repúblicas Latinoamericanas... ahora en extinción.

Todavía no logran explicar, los teóricos de este desaguisado, cómo es que proclaman a viva voz los beneficios de la economía de mercado, sin explicar la inexistencia de una sociedad de consumo, no siendo la de las “elites” gerenciadoras y “capangas” de su entorno y a su servicio... Incrementando pavorosamente la pobreza, la exclusión social y del modelo a millones de seres que conocen ahora en carne propia lo que significa la desesperanza.

La destrucción del ser nacional de cada país latinoamericano comenzó con la pauperización de la Educación, la destrucción de la escuela pública. Siguió con la apropiación de la Banca pública; el envilecimiento de la moneda; el manejo de la economía a manos de personeros de las doctrinas ajenas al desarrollo económico y al progreso nacional; la privatización en propiedad de los servicios públicos; la perversa destrucción sistemática del Estado-Nación, como si esta forma de subsistencia político-ciudadana, constituyera una entelequia. Y por último, la destrucción de la familia... Simultáneamente se han eliminado los medios, las formas de establecerlos y los mismos Objetivos Políticos Nacionales, como si tales presupuestos fueran innecesarios en un mundo, precisamente, “globalizado”...

Este argumento perverso e inmoral, ha sido el fundamental en el desguace latinoamericano de la propiedad pública y la consolidación de las Repúblicas... Menuda falacia, que tiene como contrapartida la más feroz dependencia que ni España logró implementar desde Felipe II y el descubrimiento del Potosí.

Luego del vendaval de la "teoría de la seguridad nacional", que dejó sepultos e insepultos a miles de ciudadanos protestatarios en un genocidio planificado por los organismos internacionales de propiedad de los primos del Norte, las fuerzas emergentes que hoy dicen conducir los destinos de nuestras naciones y los Estados, han desmanteldo los organismos que deben proveer de información a los gobiernos para
que estos puedan establecer los "objetivos políticos nacionales".

El despropósito tiene aristas risibles. Los de la izquierda dicen haberlo hecho para impedir la ingerencia de tales organismos en la partidocracia y la vida de los políticos. Y los de la derecha porque de esa manera les será imposible a los gobiernos propender al bien común. Y así han surgido en toda Latinoamérica "benefactores" iluminados que dicen tener la soluciòn para los problemas que afectan a millones de ciudadanos (si es que lo son y no vasallos del sistema) que por estos días no saben o no entienden los desatinos de sus gobernantes...

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