Blog masónico de Ricardo E. Polo

sábado, 20 de febrero de 2010

Moralmente inaptos e ineptos



Por el V:. H:. Ricardo E. Polo :.


La vertiginosa velocidad de la información, penetra abruptamente en la inmensa mayoría de los seres Humanos con sus mensajes heterogéneos.

De vez en cuando una de esas informaciones repercute como noticia, concitando no ya el asombro, sino la perplejidad del ciudadano.

Hace unos días el mundo quedó perplejo al conocer que en laboratorios de biotecnología norteamericanos, se estaba apunto de alcanzar el prodigio de adueñarse del patrimonio genético de la humanidad, al develarse el misterio de las claves inscritas en las dobles hélices del Ácido Desoxi Ribonucleico (ADN)

El impacto de tamaño descubrimiento –aún no concretado definitivamente- solo parece ser mensurado en los cuantiosos meandros de la inversión económica, en los estamentos de la ciencia aplicada y en los cenáculos donde aún no se ha perdido la costumbre de pensar moral, ética y filosóficamente.

Pero en los alrededores de tales estamentos, el ciudadano común sigue sus avatares de supervivencia sumergida en la cotidianeidad de sus problemáticas.

Los científicos ya saben que al momento de revelarse las claves, ha de nacer una nueva Era para la Humanidad. La Era de la Nueva Medicina o Medicina del siglo XXI. Así sucederá a causa del conocimiento de la causa de los males cuyos genes responsables podrán ser substituidos, lográndose erradicar desde su comienzo aquellos padecimientos que afectan al individuo.

¡Magnífica noticia que seguramente conmoverá la mente de los Hombres y alentará en sus corazones una nueva esperanza...!

Sin embargo, a la vista de la mundialización de los medios de difusión y su vertiginoso movimiento de informaciones y noticias, emergen reticencias y reflexiones que inducen a pensar que no todo lo que brilla es oro.

Existen paradojas que nos han signado en el siglo XX. En ese siglo del que apenas hemos salido, ocurrieron tal vez las más grandes revoluciones de la ciencia y la política. Podemos decir que padecimos dos Grandes Guerras en las que fue aplicada sin conmiseración alguna, la doctrina de la Guerra Total, involucrando en ella ya no a los ejércitos contendientes, sino a la totalidad de la civilidad y los espacios habitables.

Surgió la Era Atómica, con el descubrimiento de la fisión del Átomo y producir mediante ella la Energía Atómica y con ella los beneficios de su desarrollo hacia otras especialidades en su uso. Pero también surgió la Bomba Atómica y la amenaza de extinción de la especie humana, de no mediar una razonable moralización para impedir sus usos y amenazantes consecuencias.

Surgió también la Era del Espacio y el hombre cumplió uno de sus más preciados sueños, el viajar por él y poder conocer otros mundos y tal vez, seguramente, la existencia de otras vidas, otras inteligencias que nos hagan sentir menos solos en la inconmensurable dimensión del Universo.

Al mismo tiempo, esa Era desarrolló la multiplicidad del uso de los satélites ratifícales, que nos permiten avanzar en un mayor conocimiento del planeta, en su mejor utilización, en acercarnos los unos a los otros e ignorar si todo eso es para el progreso.. Al mismo tiempo, incorporar al espacio circundante ingenios destructivos cuyo contenido amenaza vastos territorios... Y que la inmensa mayoría de la humanidad desconoce, a causa del secreto militar de las Grandes Potencias.

Idénticas perspectivas se avizoran en la red de Internet, o en la Era de las Comunicaciones. Hoy reina en Internet la más increíble libertad de expresión de toda la historia de la Humanidad. Sin embargo, algunos interrogantes se plantean: ¿Cuántos seres humanos acceden a ella? ¿A cuántos les será posible acceder, si no cambian las condiciones de vida que se deterioran día a día en todo el planeta? Y esencialmente, ¿Cómo se regulará o autorregulará todo lo peligroso, sucio, delictivo y hasta adictivo que campea en la red?

Y finalmente, inmersos ya en los albores del siglo XXI, concientes de que descubrimientos tales como “la propiedad del genoma humano” habrán de revolucionar su destino, a instancias de lo que se concrete en los laboratorios de Rockeville, en Maryland, USA mediante el proyecto Celera Genomic, podemos pensar en la necesidad de un aggiornamiento en la tendencia insolidaria que campea contemporáneamente en el aspecto ético y moral de nuestra especie.

Decía hace unos días un periodista español, refiriéndose a la dicotomía entre ese descubrimiento y la realidad mundial: “...la sociedad internacional sigue fracasando en una buena parte del continente americano y en la mayor parte del africano. El horroroso vertedero de vidas humanas que es Etiopía no es lo peor del mundo; tan sólo tiene el privilegio de acaparar la actualidad del dolor y de la miseria. Contra este sistema capaz de arrebatar a los dioses el poder de intervenir en los destinos de las personas y, al mismo tiempo, tan torpe y tan cruel a la hora de corregir mínimamente las desigualdades más escandalosas, han protestado airadamente los muchachos de Seattle y de Washington. Y con ellos y su santa ira.”

En efecto, ya se conocen las protestas concurrentes en EE.UU y en otros países del mundo, frente a una realidad que trasciende localismos. Y es por ello que ante la inminencia de un descubrimiento que puede cambiar totalmente los parámetros en la continuidad histórica de la Humanidad, cada ciudadano advertido debe concientizarse de sus responsabilidades.

Ser moralmente aptos, es una condición ineludible para afrontar los nuevos tiempos.

A fuer de no pretender la exclusividad de una opinión al respecto, deseo transcribir una parte del texto del periodista español al respecto. Dijo él : “..no podemos dejar de estar los que pensamos que hay que dar entrada a la moral en la organización de la vida pública. Pero ni siquiera con planteamientos basados en la pura eficiencia científica podríamos rehuir la contradicción entre el mundo desarrollado y el condenado a la miseria. Porque ¿cómo hablar en términos de optimismo histórico cuando el saldo de muerte es superior al de la vida?”

El individualismo feroz que nos aqueja debe ser reemplazado por un sentimiento sincero de confraternidad y solidaridad, pues los parámetros en los que deberemos desenvolvernos en un futuro muy próximo nos colocará en una disyuntiva histórica: ser esclavos de la tecnología al servicio del Nuevo Modelo insolidario o recuperar la moral, la ética y un manejo filosófico de la condición Humana, en el que imperen la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, para que estén a su servicio la Ciencia, la Justicia y el Trabajo.

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