Blog masónico de Ricardo E. Polo

miércoles, 17 de febrero de 2010

La Masonería y las Pirámides de México

Nota elaborada mediante datos recopilados de Importantes trabajos existentes
en diversas fuentes de información, por el V:. H:. Ricardo E. Polo Sin tener la audacia de pretender el sostenimiento de teoría alguna, que pretenda mitificar el origen de la Masonería vinculándolo a los misterios de las grandes construcciones piramidales, --ubicadas curiosamente entre ciertos paralelos de nuestro planeta--, al menos los datos recopilados constituyen un acicate para la investigación de los masones interesados en incrementar el caudal de sus conocimientos. Sin embargo, el hondo misterio que constituyen las Pirámides como construcciones geométricamente realizadas por constructores de enigmática procedencia y de cuyo origen aún hoy se discute y polemiza, al menos los datos recopilados nos permiten librar la imaginación de las ataduras convencionales, en un lúdico intento de incentivar las vocaciones investigativas de nuestros Q:. H:. *
No existe por ahora prueba alguna que demuestre que tanto el uso de “la marca” como la metodología que los obreros de la Pirámide Egipcia de Jeezeh utilizaron para su construcción, hayan sido utilizadas en las pirámides de México y Yucatán, por si algo pudiera permitirnos pensar que fuesen de alguna manera al menos coincidentes. Investigadores arqueólogos y antropólogos, con conocimientos y formación masónica, han realizado intensos y objetivos estudios mediante los cuales procuraron determinar la existencia de ciertos detalles, que permitieran demostrar alguna relación masónica, respecto de los constructores de tales pirámides. Tal como lo hicieron en Egipto, quienes sostenían similares posibilidades. Esa circunstancia fue estudiada especialmente, con relación a la Pirámides del Sol y de la Luna, construidas en San Juan Teotihuacán, D. F., a 27 millas al Este de la actual Ciu­dad de México, llegando a la conclusión de la inexistencia de indicación alguna, sobre el uso de la "señal", en parte alguna de las construcciones. Sin embargo, en la Pirámide del Sol es posible observar, con visión masónica, la significativa existencia de los números 3, 5, y 7. Construida con exacta medición a brújula dando frente a Occidente, es decir hacia el Oeste, al ascender a la enorme estructura se observa, en principio, la existencia de tres terrazas superpuestas a distintas alturas; la primera de las cuales era el sitio donde se ofrecían los sacrificios humanos. Allí fue hallado el Altar con la Piedra de los Sacrificios de los Aztecas. Tal circunstancia ocurrió en 1791, determinándose que su peso es de aproximadamente quince to­neladas, y a decir verdad, se supone que tenía como propósito el ofrecer los sacrificios humanos al Dios Sol. Los números simbólicos Según se ha sabido, tal piedra habría sido extraída de las antiguas canteras de Coyoacán, labrada y ubicada en ese sitio por orden del Rey Axaiyacatl, quien al proceder a inaugurarla según cuenta la historia tradicional, lo hizo con el sacrificio de 728 víctimas humanas, cuyo corazón palpitante se ofrecía al Dios Sol, deidad de la vida para los Aztecas. Luego de esta terraza, se comienza a ascender los que se han dado en denominar “burdos escalones”, de piedra cortada, que llevan a la segunda terraza de la pirámide. Según se afirma, las dificultades de ascenso ocasionadas por dichos escalones, se debe a la erosión causada por un uso excesivo y por el transcurso de los siglos en los que han sido expuestos a la intemperie. Por dichos escalones se arriba a cinco series de terrazas. Vistas desde la cumbre, es posible observar cinco hileras de escalones. Dos de estas hileras se duplican o dividen, formando siete plataformas distintas y separadas de ascenso. He aquí una interesante observación, que permite al masón deducir respecto del significado simbólico del tres, cinco y siete. Las piedras labradas Según ha referido el Dr. H. A. Monday, M:.D:. G:. 33, quien a principios de siglo y como arqueólogo “aficionado”, realizó investigaciones in situ, en el interior de la Pirámide “se encuentra un considerable número de piedras labradas, a diferencia de la Gran Pirámide de Jezeeh, en Egipto, que las posee en la totalidad de su estructura exterior”. También ha mencionado muchos descubrimientos arqueológicos de importancia, y hasta asombrosos si se quiere, con relación al interior de la Pirámide, señalando en aquella oportunidad que junto con otro estudioso "penetraron hasta el sitio que se supone haber sido el centro del interior, y comprobaron el hecho sorprendente de que la Pirámide del Sol, contiene (son) en rea­lidad tres en una. Así es que han sido construidas tres distintas pirámides, separadas, por tres pueblos diferentes o generaciones, en épocas distintas de los tiempos, una rodean­do completamente a la otra." Si esto tuviese que ver con relación a la Masonería, es posible sugerir la idea del tres en uno, que sería el triángulo, cuya significación cono­ce todo iniciado Masón. Tampoco olvidemos las tres pirámides egipcias: Keops, Giseh y Miserino. Su origen Al parecer dichas Pirámides, nos referimos a la del Sol y de la Luna, habrían sido construidas por un pueblo de singular estado de civilización y con anterioridad a los Toltecas de quienes se dice haber precedido a los Aztecas. Si pudiésemos sintetizar la inmensa riqueza arqueológica, paleontológica y antropológica de las culturas mesoamericanas, tal vez deberíamos partir del concepto de que sus culturas junto con las del Altiplano, han sido las más antiguas, desarrolladas y ricas del continente. No cabe duda que las imposibilidades para establecer con exactitud el acontecer histórico de dichas civilizaciones, “se debe, entre otras causas, a la destrucción de poblados y ciudades por los españoles en su conquista del territorio”. (Enc.Temát. Océano, pag. 1861) circunstancia solo paliada por el esfuerzo de los mexicanos en apoyar los estudios antropológicos, etnológicos e históricos que permiten avanzar sobre el misterio de su prehistoria. Como dato ilustrativo y de total actualidad, podemos decir que un equipo perteneciente a C. Loring Brace realizó miles de comparaciones morfométricas durante los últimos 20 años, sobre fósiles humanos de considerable antigüedad. Tales investigaciones permitieron obtener dendrogramas, generados a partir de una batería de dos docenas de medidas realizadas sobre cada cráneo de los restos, que dieron como resultado un gráfico en forma de árbol, en el que la distancia entre ramas refleja la proximidad o lejanía entre cada grupo humano y los restantes. Los estudios demostraron que los descendientes de los primeros humanos que entraron en el Nuevo Mundo, incluyendo los nativos de México, Perú y el sur de los Estados Unidos, no tenían enlaces obvios con ningún grupo asiático. Este sorprendente descubrimiento, que de alguna manera cuestiona la idea de descendencia de prehistóricos asiáticos cruzando por el estrecho de Behring, podría ser debido a que estuvieron separados de ellos durante un período de tiempo muy largo. Lo que nos induce pensar que las posteriores civilizaciones mencionadas en esta nota poseen un misterioso origen, que abonan las teorías que suponen la ascendencia de una muy antigua civilización, los conocimientos demostrados posteriormente. Teotihuacán Pero como testimonio de tal desarrollo podemos mencionar la existencia de la ciudad de Teotihuacán, la que entre los siglos II y III se prefigura como un gran centro urbano. Al respecto y sobre el alto grado de civilización de sus habitantes, los documentos históricos señalan lo notable de sus construcciones y monumentos, sosteniendo que “entre los que se destacan, uno de extraordinaria singularidad: la pirámide del Sol, cuya base es de amplitud similar a la de Keops, en Egipto”. Al parecer, los Toltecas serían o descendientes o contemporáneos de los nalma-chichimecas, y al advenimiento de los Aztecas, Quetzacoatl-Topiltzin, del que ciertas leyendas hacen conductor de un fabuloso imperio y monarca de los toltecas, había desplazado con la legendaria ciudad de Tula o Tollán a la ya ruinosa Teotihuacan. Los Aztecas impusieron su dominación sobre los pueblos del lago Texcoco, extendiendo su dominación imperial mas allá del Altiplano, cuando la sagrada ciudad de Teotihuacán era una enorme ruina desierta. Sin embargo ellos sostenían “ser descendientes de una raza de gigantes, pues solo aquellos habrían podido construir tamaña ciudad, para ellos todo un misterio”. Los sacrificios humanos Los Aztecas descendientes de los Toltecas, de quienes “heredaron su patrimonio cultural y la introducción de técnicas metalúrgicas”, como sea que fuere, tomaron tanto la pirámide del Sol como la de la Luna, quedando ambas como fabuloso testimonio de las arcaicas civilizaciones ubicadas en México y que, como hemos mencionado, habrían utilizado, al menos la del Sol, para ofrecer al Dios de la vida sacrificios humanos. Según refieren los autores del tema y que en este caso nos interesa a nosotros, es que: “esta costumbre parece haber sido practicada única­mente por los Aztecas, cuyo reino no fué establecido sino hacia el año 1428 d.C. Sin embargo, una cosa muy significativa debe mencionarse, la que se repite con frecuencia y que se explica por los nativos de descendencia directa, así como por sacerdotes Católicos, y es, asombrosamente, que los Aztecas mencionaban frecuentemen­te a los arquitectos originales de las numerosas pirámides de México, con el título de "LOS MASONES", afirmaciones estas de las que se tenía conocimiento a principios del Siglo XX.
Las Pirámides del Sol y de la Luna Según el testimonio de los estudiosos, “la Pirámide del Sol tiene 216 pies 8 pulgadas de altura, teniendo una base de 761 por 721 pies 7 pul­gadas, y la superficie de su cús­pide de 59 por 105 pies. La Pi­rámide de la Luna es de 150 pies 11 pulgadas de alto, y tiene una base de 511 por 426 pies 5 pulga­das y la cúspide es de 19 pies 8 pul­gadas cuadradas”. Lo cierto es que bien podemos afirmar que tales edificios, sin duda han sido construidos en su forma geo­métricamente piramidal, por un pueblo que practicaba las matemáticas y tenía un gran conocimiento de las Ciencias. Las inscripciones sobre mosaicos, que son sumamente bellas, demuestran que sus autores eran grandes artistas. Grabadas con jeroglíficos y figuras esculturales, la mayoría de ellas están profusamente adornadas con colores. Y he aquí algunas coincidencias con relación al tema de la construcción del Templo de Salomón y sus antecedentes, pues he aquí el predominio de los colores rojo y amarillo, con un tinte variado de azul, que parece ser el color predominante, sin fal­tar también los colores púrpura, blanco, verde y negro, de los que se habla en los relatos de la construcción del Templo. Si tomásemos en cuenta el significado de los colores, advertiríamos ciertas coincidencias como las señaladas precedentemente. Para ello deberíamos dar lectura a las notas (La Masonería y las Pirámides y las Pirámides y el Templo de Salomón, del autor de esta nota) comparándolas con la significación que tuvieron para los constructores de ambas pirámides, que parecen haber interpretado que el rojo represen­taba al Sol, su Dios de la vida; el amarillo, a la Luna; el azul, al firma­mento, el púrpura la Soberanía y el Poder; el blanco, la Inocencia y la Virtud; el verde la Naturaleza y la Nueva Vida; y el negro la Muerte o el Misterio. ¿Podemos sostener acaso que el significado de los colo­res, desde el punto de vista de la Leyenda, es tan sólo una coincidencia? No dudamos en sostener que existen muchas semejanzas entre todas ellas, para que constituyan meramente coincidencias. No olvidemos que la excepción precisamente hace la regla. Más que conjeturas A diferencia de las Pirámides egipcias, las de México no fueron construidas como monumentos funerarios en honor de sus Soberanos o con el presunto intento de hacer de ellas centros de preservación de sus conocimientos y sabiduría para las generaciones futuras, como suponemos que fue construida, por ejemplo, la Pirámide de Jezeeh. En realidad lo fueron para ser lugares de adoración y usos ceremoniales. En dirección al Este y detrás de la Pirámide del Sol, existe otra construcción de forma piramidal que hoy conocemos como el Templo de Quetzalcoatl. Profusamente adornada con cabezas esculturales de animales, grabados de flores sobre mosaicos y piedra y muros de concreto. Como dato curioso e interesante para el investigador, recordemos que la partícula atl que es colocada tras de Quetzalco... se insiste en mencionarla como remedo de atlante, es decir que tendría relación con los atlantes y la Atlántida misma.... Con una superficie de 160.000 metros cuadrados, un gran patio cuadrangular ro­dea estas dos construcciones, orientado en sus ejes y con exactitud, hacia los cuatro puntos cardinales. Con numerosos pasadizos y escaleras que se comunican con 4 plataformas de 400 mts. de largo por 7 de altura y 80 mts. de ancho, ubicadas a cada lado del gran patio, se encuentran en cada una de ellas y en posición simétrica, cuatro pirámides. Las platafor­mas están integradas por dos series de prismas rectangulares, apoyadas sobre pun­tos de cuerpos piramidales de base rectangular. La excepción la constituye la plataforma oriental, que muestra solo una serie de prismas, que sos­tienen tres pirámides menores, ocupando posiciones elevadas en las plataformas. Se sostiene que se trataba de tumbas de personajes Reales. La magnitud de este complejo está dada en el lado Norte del patio, pues rodeando la Pirámide de la Luna existe una Avenida de 125 pies de ancho aproximadamente, denominada La Avenida de los Muertos y que en su tiempo seguramente fue una de las más hermosas construidas. Tiene cerca de 2 millas de largo, bordeada a cada lado por tumbas equidistantes y similares entre si. Por todas partes alrededor de este monumental complejo edilicio, se encuentran aún sepultos a gran profundidad, los restos de lo que fue en su tiem­po una ciudad de grandes dimensiones, muy bella y densamente pobla­da. Ciudad indudablemente integrada por un pueblo de gran cultura y evidentemente muy civilizado, del que los arqueólogos sostienen que eran “adoradores de una Deidad semejante a la nuestra”. Corolario Sabemos hoy que a principios del siglo XX, se llevaron a cabo los descubrimientos más importantes de México. Que muchos de ellos se deben al trabajo perseverante de innumerables arqueólogos entre los que se destaca el profesor William Niven, al que se consideró el arqueólogo más entusiasta de México. Sabemos que su obra ha sido inmensa y que su biblioteca y museo, integrado por tablillas de piedra, estatuas, grabados y artículos, hallados en un vasto territorio de investigación mexicano, fue­ron obra de su trabajo y en ellos se sintetizaron datos científicos de gran valor. Tales trabajos se constituyeron en importante documentación para indagar el pasado y esclarecer los misterios de las civilizaciones, que realizaron las extraordinarias construcciones en el territorio de México y la península de Yucatán. Pero desde el punto de vista de la Masonería, entre aquellas cosas que relacionan a nuestra Orden y sus integrantes, con la idea de que hubieran podido tener algún viso de participación con relación a las pirámides mexicanas, fueron dos descubrimientos realizados por el profesor Niven. Se trata de una tablilla de piedra, que datada por los científicos, se determinó con una antigüedad de entre 5.000 y 9.000 años. La tablilla, con un peso de 160 libras, tiene grabado un diagrama que podría entenderse, con un poco de imagina­ción, la representación interior del recinto de una Logia masónica. Pero para incrementar el asombro que nos produce tal interpretación pétrea, otro descubrimiento permitió abonar tan interesante idea. Se trata de otra tablilla también descubierta por el Profe­sor Niven, la que comprada por investigadores arqueológicos de la Universidad de Harvard en Cambridge, Massachussets, con la primera, fue datada como de una época más reciente que no excede una antigüedad de 2.000 años, y en la que se advierte el mismo dia­grama. Sin embargo, este difiere, de alguna manera, por la representación de una fi­gura que se encuentra en el Este. Lo mas significativo en los resultados del estudio de la primera ta­blilla, es que “cada una de las tres posiciones están ubicadas con orientación hacia el oriente en el Este, Oeste y Sur, mientras que el Norte se encuentra oscuro. En el centro de la tabli­lla se encuentra un punto dentro del círculo representando el Altar, a la vez que en la segunda tablilla, que se en­cuentra actualmente en posesión de la Universidad de Harvard, tiene su Altar representado por una figura rectangular de las mismas dimen­siones y forma tal como la figura que representa la posición en el Es­te”. El profesor y arqueólogo William Niven era Masón, reconocidamente versado en las ciencias antropológicas y dedicado al estudio de la historia y leyendas de nuestra Orden. Lo demás, corre por cuenta de quienes anhelen seguir investigando, pues la aventura de hacerlo no ha quedado en los relatos de aventuras de los tiempos de Salgari o de Verne. Todavía sabemos muy poco y además esquemático, de los grandes misterios del pasado de la humanidad. Sea en Oriente como en Occidente, donde la fosilización del pasado remoto, se acodera con la de los estudiosos aferrados al Método y a las frívolas posiciones de prestigio.

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