Blog masónico de Ricardo E. Polo

viernes, 19 de febrero de 2010

La Escuela de Pitágoras -recopilación-

Recopilación del V:. H:. Ricardo E. Polo
Sobre la base de los trabajos del QQ:.H:. Gallatín Mackey Las escuelas establecidas por Pitágoras en Grotona, y otras ciudades, han sido consideradas por muchos escri­tores como los modelos en los que se construyeron posteriormente las Logias masónicas. Indudablemente sirvieron a los cristianos ascéticos del primer siglo como modelo para sus instituciones monásticas, con cuyas instituciones, la Francmasonería de la Edad Media, se relacionó ín­timamente en su carácter activo.

Una descripción breve de la escuela de Crotona no será por lo tanto inapropiada. Los discípulos de esta escuela usaban vestiduras de las más sencillas, y haciendo entrega desde un principio de todas sus posesiones al fondo común, se sometían por tres años a la pobreza voluntaria, duran­te cuyo tiempo, se les obligaba a un silencio riguroso. Las doctrinas de Pitágoras se expresaban siempre co­mo proposiciones infalibles que no admitían argumento, y de aquí proviene que la expresión él lo dijo, era considerada como la respuesta suficiente a cualquier persona que demandaba una razón. Los discípulos estaban divididos en Exotéricos y Esotéricos.

La distinción fue copiada por Pitágoras de los sacerdotes egipcios, quienes practicaban un modo semejante de instrucción. Los discípulos exotéricos eran aquellos que atendían las asambleas públi­cas, en donde los sabios daban ins­trucciones generales en filosofía. Pe­ro únicamente los esotéricos constituían la verdadera escuela, y sola­mente a éstos llamaba Pitágoras, di­ce Jamblico, sus compañeros y ami­gos.

Antes de la admisión a los privilegios de esta escuela, se escudriñaba rígidamente la vida y' carác­ter anterior del candidato, y en la iniciación preparatoria la discreción se adhería al juramento, y se le hacía someter a las pruebas más severas de fortaleza e imperio de sí mismo. Aquél que se alarmaba después de su admisión por los obs­táculos que debía encontrar, se le permitía regresar al mundo profano, y los discípulos le consideraban como muerto, representando en cumpli­miento sus exequias funerales y erigían un monumento a su memoria.

El modo en que vivían en la es­cuela de Grolona era semejante al de los comunistas utópicos de la modernidad.. Los hermanos, en número de seiscientos aproximadamente con sus esposas y niños, residían en un gran edi­ficio. En las mañanas se arreglaban los asuntos y deberes del día y por la noche se consideraba una rela­ción de las transacciones del día. Se levantaban antes del amanecer a rezar sus devociones al sol, y recitaban versos de Homero, Hesiodo, o algún otro poeta.

Dedicaban fervorosamente va­rias horas al estudio, después de lo cual había un intervalo antes de la comida, el que se empleaba en el paseo y en ejercicios gimnásticos. Sus comidas consistían prin­cipalmente de pan, miel, y agua, pues aunque la mesa se cubría con frecuencia con viandas delicadas, no les era permitido participar de ella. En esta escuela fue donde Pitágoras daba sus instrucciones secretas de su doctrina interior, y explicaba el significado oculto de sus símbolos. Existían tres grados: el primero, o el matemático, se ocupaba en el estudio de las ciencias exactas; y los segundos, o teoréticos, en el co­nocimiento de Dios, y en el estado futuro del hombre; pero el tercero, o grado superior, se comunicaba úni­camente a un número limitado cuya inteligencia era capaz de alcanzar la fruición completa de la filosofía pitagórica.

Esta escuela, después de existir durante treinta años, fue disuelta finalmente por las maquinaciones de Kylo, habitante acaudala­do de Crotona, quién, habiendo sido rehusada su admisión, en venganza excitó a los ciudadanos en su contra, a la vez que un motín desordenado atacó a los discípulos que se encontraban reunidos en asamblea en la casa de Milo, poniendo fuego al edificio y dispersando a los discípu­los, habiendo quemado vivos a cua­renta de ellos.

La escuela nunca fue recuperada, pero después de la muerte del filósofo sus discípulos formaron un compendio de sus doc­trinas. Muchos de sus símbolos y sus enseñanzas esotéricas aun per­manecen hasta la fecha inexplicables y sin solución. Y en memoria del filósofo y la trascendencia de su prédica, los E:.V:.M:. llevan una medalla graficando como emblema, el “teorema de Pitágoras”, que en realidad era de Euclides.

Después de esta narración de la escuela pitagórica, el Masón no en­contrará dificultad para entender esa parte del llamado manuscrito Leland el que se dice confundió mu­cho al gran metafísico Juan Loocke. Este manuscrito, --la cuestión de su autenticidad no la mencionaremos aquí-- contiene los siguientes párrafos: “¿Cómo llegó "la Francmasonería" a Inglaterra?” "Pedro Gower, de Grecia, viajó por Egipto y Siria para adquirir co­nocimientos, y en todos los países en donde los venecianos había es­tablecido la Masonería, pudo lograr la entrada en todas las Logias de los Masones, en donde aprendió mu­cho, y regresó a la Gran Grecia en donde se estableció, y haciendo investigaciones de fundar una Gran Logia en Crotona, creó a muchos Masones, algunos de los cuales viaja­ron por Francia, de donde trajeron muchos Masones, y en el transcurso del tiempo, el arte pasó a Inglaterra." Loocke confiesa que al princi­pio estaba confundido con los extraños nombres de Peter Gower, Groron, y los Venefians; pero re­flexionando un poco pudo compren­der que eran únicamente variaciones de Pitágoras, Crotona, y los Fenicios.

No es extraño que los antiguos Masones llamasen a Pitágoras su "an­tiguo amigo y hermano," y que le hu­biesen dedicado uno de sus símbolos geométricos, el problema cuadragésimo séptimo de Euclides, que es un epíteto y una costumbre que debido a la práctica, ha sido conservada en todos los rituales modernos.

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